Vivimos tiempos de…

6 de xunu de 2013 DE 2013 • Pablo M. Testa

Vivimos tiempos de fricción, conflicto, humo, parsimonia iracunda, ganas de rebelión, vagancia…
Vivimos tiempos de agitación, desamparo, represión, suicidios selectivos, miseria, exclusión y emigración forzosa.
Vivimos tiempos de cambio, transformación, movilización, asamblea, ganas de construir conjuntamente.
Vivimos tiempos de pesimismos optimistas, y de optimismos pesimistas.
Vivimos el tiempo del prefuego y del fuego candente cortando la calle. De volaores usados para aguantar y no avanzar; de manos y piernas que avanzan hasta donde se les permite hacerlo. De barricadas firmes que llaman la atención pero no marca nuevas posiciones.
El Pueblu Asturianu, con sus ventajas y desventajas, virtudes y defectos, ha de pararse un segundo y mirar a su alrededor. Dejar de ver por un momento el enemigo gigante que intenta vencer y que, sin embargo, sólo lo hiere de vez en cuando pero sin hacerle, de momento, retroceder; para fijarse en sus compañeros y compañeras, vecinos y vecinas de Asturies. Desde su occidente hasta su oriente, desde el mar a la quintana, desde la ciudad verde a la Aldea. Ha de mirarse a sí misma y entender qué necesita. Ver qué necesitamos.

No es tan difícil hablarse, hablarnos, proponernos. Todo es bienvenido, todo es complementario, si se camina hacia un mismo fin predefinido por ese Pueblo que ha de construirse.

Ver qué necesitamos para cambiar el marco, la estructura, las dinámicas, las relaciones, los usos. Ver qué necesitamos para construir otro consensuado, participativo, desobediente, creativo, viviente. Ver qué necesitamos para mantener la lucha. Ver qué debemos tirar al mar para que se lo trague de una vez por todas: A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar.

Tenemos que vernos, observarnos, reconocernos y entendernos. Tenemos que construir País, como Pueblo y Comunidad que somos, pues está claro que ha de ser ese mismo pueblo, Pueblo llano, Pueblo de la calle, Pueblo sin nombre y amparado y defendido por sí mismo; quien ha de construirse así mismo y (re)encontrarse.

No es tan difícil hablarse, hablarnos, proponernos. Todo es bienvenido, todo es complementario, si se camina hacia un mismo fin predefinido por ese Pueblo que ha de construirse.
De lo más pequeño a lo más grande, de lo más específico a lo más general. Combinación de todas las plataformas, espacios, colectivos y colectividades, organizaciones e individualidades, grupos y asambleas… La lucha por un mundo nuevo ha de concretarse. Esa lucha debe dejar de ser resistencia para anteponerse como camino que lleva a un hogar, a una sensación real de bienestar determinado por el Pueblo.
No nos fallemos a nosotras y a nosotros mismos. Estamos preparados, estamos preparadas. Sólo se necesita invertir tiempo, que no significa dificultad; sólo se necesita arrimar el hombro, que no significa pesadez; sólo hace falta creer en nosotras y en nosotros. Sólo hace falta construir y ver crecer los frutos. Sólo hace falta concienciarnos de que vamos a poder liberar nuestras vidas de la coerción y miseria a la que nos relegan.

Vivimos en tiempos de guerra. Ellos son conscientes y actúan en consecuencia… Nosotras todavía estamos con la concepción virtual de la guerra. La guerra llama a tu puerta en forma de suicidio, cuando decides poner fin a tu vida por haber quedado sumido en la más precaria miseria. La guerra llama a tu puerta cuando has de partir, cabalgando hacia nuevos lugares desconocidos donde el desarraigo puede ser sinónimo de pena y miedos. No te vas, te expulsan. Eres un refugiado oprimido en otro estado o país. La guerra llama a tu puerta cuando te encarcelan, te persiguen, te multan. La guerra llama a tu puerta cuando se sale a la calle, no a beber sidres, sino a gritar que bastó ya. La guerra llama a tu puerta todos los días, cada viernes en Consejo de Ministros; cada Pleno Municipal; cada reunión de la Xunta Xeneral.
Hagamos que la guerra llame, también, a sus respectivas puertas.
Asturies, llevanta’l puñu… pa baltar al que t’afuega.