Siendo justos con el 15M

11 de abril de 2013 DE 2013 • Juan Pastor

En mi anterior artículo (¿Por qué somos tan pocos?), el primero en esta página, reflexionaba sobre la “psico-lógica” del capitalismo. Algunos comentarios sobre los “jóvenes indignados” generaron cierta polémica, por lo que en este segundo artículo me propongo “ser justo” con el 15M, no para reconciliarme con aquellos que se sintieron molestos con mis críticas sino para decepcionar a los que tanto disfrutaron con mis comentarios.

1. El 15M como acontecimiento

El 15 de Mayo de 2011 salieron a la calle más de cien mil personas en más de cincuenta ciudades españolas. Un puñado se quedaron a dormir en la Plaza de Sol (Madrid) con la idea de ocupar la plaza hasta el día de las elecciones municipales y autonómicas (sin 22M no hubiera habido 15M). El 16 de mayo ya son 200 las personas acampadas. A las 5,30 de la mañana del día 17 son desalojadas por la policía. Ese día, 17 de Mayo, 10.000 personas acampan en Sol (No tenemos casa, nos quedamos en la plaza). Se prohíbe la acampada el día 21 (jornada de reflexión); pero decenas de miles de personas salen a la calle en un claro ejercicio de desobediencia civil.

El 15M fue un acontecimiento colectivo (espontáneo, de marcado carácter emocional y expresivo) que, como muchos otros acontecimientos colectivos, podemos comparar con una erupción volcánica: durante mucho tiempo suceden cosas bajo tierra, se abren grietas (movilizaciones contra el plan Bolonia o la ley Sinde, crisis del 2008, revolución islandesa, revueltas griegas, Planes de Ajuste contra la crisis, Primavera Árabe en 2011, movilizaciones de Generación en Apuros en abril del 2011 en Portugal y, sobre todo, las movilizaciones de Juventud Sin Futuro en España, en Abril del 2011)i, hasta que se produce la explosión: acampadas tras la represión policial del día 17 y ante la inminencia de las elecciones del 22 de Mayo.

El 15M, como acontecimiento, fue una indignación colectiva contra los políticos, sobre todo contra los partidos mayoritarios (No nos representan, PSOE y PP la misma mierda es), alejados de la ciudadanía y desacreditados ante tanta corrupción (No hay pan para tanto chorizo; No falta dinero, sobran ladrones). Pese a que en el 15M participaron muchas personas y muy distintas, creo que podemos hablar, en muchos casos, de un discurso superficial y reformista, un discurso que no incide en las causas (sociedad capitalista) sino en las consecuencias (paro, precariedad); un discurso sostenido sobre todo por jóvenes frustrados al adquirir conciencia de que no podrán vivir como creían que iban a vivir; jóvenes que a pesar de sus estudios y formación se encuentran fuera del empleo, la renta y el consumo (No somos antisistema, el sistema es antinosotros); jóvenes indignados porque se rescata a los Bancos y no al Estado de Bienestar (los jóvenes franceses de Mayo del 68 no querían ser como sus padres; los jóvenes españoles de Mayo del 2011 querían vivir como los suyos); jóvenes que no sólo no rechazaban el capitalismo (rechazaban sus excesos, sobre todo de políticos y banqueros) sino que pretendían salvarlo, reformarlo para poder participar de él (15m: reinicia el sistema… ya; pero el error del sistema no era su injusticia intrínseca, sino que les había dejado a ellos fuera de la fiesta). Como comentaba en mi anterior artículo, el 15M fue la crónica de una indignación anunciada, pues si bien el bienestar anestesia (ese es el origen del Estado del Bienestar, anestesiar a la clase trabajadora convirtiéndola en clase media), la falta de bienestar, sobre todo para aquellos que han crecido con él, despierta (Dormíamos; despertamos). Un ejemplo del reformismo de este discurso son las principales propuestas que emergen, por poner sólo dos ejemplos: listas abiertas y reforma de la ley electoral, la propuesta número 1 de Democracia Real Ya (Acta de la Asamblea de la Acampada Sol del miércoles 25 de Mayo). Quizás este discurso superficial, reformista y meritocrático pueda explicar ciertas adhesiones sospechosas (Rosario Mera, exmujer del hombre más rico de España, el presidente del BBVA, muchas comunidades cristianas o, en Asturias, la hermana de Leticia Ortiz), así como la no menos sospechosa cobertura mediática, sin precedentes en nuestro país.

Y lo dejo aquí, que ya he dicho que mi intención es ser justo con el 15M.

2. Siendo justos con el 15M: cuando el medio es el fin

En Mayo del 2011, una generación que había crecido encerrada en sus habitaciones, entre ordenadores, decide salir a la calle, envalentonados por lo sucedido en Islandia, Túnez y Egipto, y tomar unas calles que ya habían empezado a tomar con los botellones de los fines de semana, sólo que esta vez no se trataba de emborracharse sino de convertir las plazas en ágoras, en campamentos autorganizados democráticamente, diciendo “no” a esta forma de organizarnos y hacer política y, sobre todo, diciendo “no” al conformismo, a la indiferencia y a la resignación (indignarse es una manera de no resignarse, una manera de no seguir bebiendo champán y escuchando música mientras el trasatlántico se hunde)ii. Los antiglobalización nos proponían, frente al there is no alternative de la recientemente fallecida Margaret Thatcher, que “otro mundo es posible”; los indignados nos recuerdan que para que otro mundo sea posible otra forma de hacer política resulta imprescindible. Y como el problema de fondo sigue siendo el de siempre (la dominación de una mayoría por una minoría, la sumisión de los intereses comunes a ciertos intereses privados), no es de extrañar que se reivindique una vieja forma de hacer política: la democracia. Una democracia real, eso sí, no una democracia representativa/parlamentaria que no es sino una representación teatral en el parlamento de la auténtica democracia (Lo llaman democracia y no lo es).

En mi anterior artículo (¿Por qué somos tan pocos?), el primero en esta página, reflexionaba sobre la “psico-lógica” del capitalismo. Algunos comentarios sobre los “jóvenes indignados” generaron cierta polémica, por lo que en este segundo artículo me propongo “ser justo” con el 15M, no para reconciliarme con aquellos que se sintieron molestos con mis críticas sino para decepcionar a los que tanto disfrutaron con mis comentarios.

Siendo justos con el 15M, hemos de decir que si bien su discurso comenzó siendo superficial y reformista, muchas de sus prácticas, pienso sobre todo en su funcionamiento asambleario, han sido radicales desde el principio. El 15M fue una re-vuelta que buscó dar la vuelta a las cosas, proponiendo que el medio es el fin, justo lo contrario de lo que nos impone el capitalismo (éxito a cualquier precio, con lo que el fin justifica los medios, incluyendo al hombre, que ya no es un fin como pedía Kant sino un medio más para conseguir mis fines: maximizar el beneficio, optimizar la rentabilidad)iii. En efecto, en política el fin nunca puede justificar los medios, sino que por el contrario son los medios (rechazo de la violencia, respeto al otro, diálogo, voluntad de llegar a acuerdos, transparencia, honestidad, responsabilidad…) los que justifican cualquier fin. En política no todo vale, y lo que nos propuso el 15M fue una nueva forma de hacer política, una nueva manera de organizar las cosas (en realidad nada nueva, pues lo que se reivindicó fue una vieja forma política: la democracia). Se ha acusado al 15M de no ofrecer propuestas alternativas… ¡pero si lo hecho en las plazas españolas fue, precisamente, una forma alternativa de elaborar propuestas y hacer política! El medio es el fin, luego los diversos campamentos eran ya una alternativa política: estructura horizontal y reticular, autoorganización democrática, funcionamiento asambleario, solidaridad y cooperación… Sol o la Escandalera fueron ejemplos prácticos de democracia realiv.

Es posible que una democracia real sea lenta, vacilante, incluso poco operativa… pero acaso sea la única manera de descubrir por qué las cosas deben hacerse de un modo y no de otro. Lo importante es tener claro el medio y la forma de caminar juntos. Después, ya veremos hasta donde llegamos. Parafraseando un eslogan del 15M: Vamos despacio porque hacemos las cosas bien. Justo lo contrario de lo que nos propone el capitalismo: llegar lo más lejos posible, a cualquier precio, de cualquier manera.

3. El 15M como movimiento social

El 15M “fue” un acontecimiento; hoy “es” un movimiento (una colectividad que actúa con continuidad en el tiempo buscando un cambio político) consecuencia de la confluencia e influencia mutua entre jóvenes indignados, con más ilusión que experiencia, y militantes de los movimientos sociales, con más experiencia que ilusión. En efecto, el grito de indignación que comenzó siendo el 15M no fue escuchado por los políticos, más preocupados por satisfacer a los bancos y a los mercados que a sus ciudadanos; pero sí fue escuchado, en cambio, por distintos colectivos sociales. Lo que comenzó como manifestación emocional se volvió campamento, y ahora es ya todo un movimiento social capaz de crear realidades al margen del capitalismo (La Madreñav, en Oviedo, es un claro ejemplo). Se equivocaron los que pronosticaron que el 15M se evaporaría tras el verano; lejos de eso, ha continuado y ha madurado. Tras dos años de ataques a la deuda, recortes sociales y privatizaciones, pero también de movilizaciones y asambleas, podemos afirmar que el encuentro entre jóvenes indignados y militantes de los Movimientos Sociales ha sido fructífero: el 15M ha revitalizado barrios e iniciativas ciudadanas (mareas en defensa de una educación y una sanidad pública, plataforma de afectados por la Hipoteca/stop desahucios, cooperativas integrales, banca ética…), además de sacar a la luz distintos debates (corrupción, transparencia, hipotecas, dación en pago, alquileres sociales, banca pública, deuda ilegítima…). Los movimientos sociales, a su vez, han contribuido a que el 15M haya profundizado en sus análisis: el problema ya no es la ley electoral, ni siquiera una crisis que deja fuera del mercado laboral a los mejores de la promoción, el problema es el capitalismo; no es ineptitud, es maldadvi; no es una crisis de valores bursátiles, es una crisis de valores éticos; no es la economía española la que está enferma, es el capitalismo el que lo está (No es una crisis es una estafa, Vuestra crisis no la pagamos, Queremos becas y no hipotecas…). No olvidemos el lema de la manifestación 12M15M, un año después del acontecimiento: No es la crisis, es el capitalismo.

El problema no es la ley electoral, ni siquiera la corrupción o la precariedad; el problema es el capitalismo. Dicho de otra manera: el sistema no funciona mal, funciona perfectamente. Y eso es lo grave. El problema no es la ley electoral, ni siquiera los políticos, aunque es obvio que forman parte del problema; el problema es más profundo: los políticos son tan envidiosos, codiciosos, corruptos y mentirosos como los no políticos. Y nosotros no somos tan buenos como creemos que somos. Pero esta es otra historia que deberá ser contada en otra ocasión, quizás en otro artículo.

Eso sí, hay una cosa que, afortunadamente, no ha cambiado al pasar de las plazas a las asambleas de barrio y a los Espacios Autónomos Autogestionados: el medio es el fin, la asamblea es el movimiento: vamos despacio porque hacemos las cosas bien. Y no renunciamos a llegar lejos, al contrario. i Sin la Universidad no habría habido 15M ii ii Hace tiempo que el sistema capitalista huye hacia adelante alimentándose de sí mismo, como esa locomotora de Los hermanos Marx en el oeste; cuando se acabe la madera y la locomotora se pare no sabremos qué hacer) iii Con la racionalidad capitalista el hombre queda reducido a cosa, a instrumento (un objeto que puede ser útil, una mercancía de la que podemos sacar rendimiento, algo que podemos exprimir para nuestra propia satisfacción), lo que conduce a la explotación del hombre por el hombre. Con la racionalidad capitalista el ser humano se convierte en un medio para alcanzar un fin incuestionable: la mayor rentabilidad en el menor tiempo y con el menor gasto, obtener el mayor beneficio con el menor coste, ganar lo máximo perdiendo lo mínimo, con lo que la ética queda reducida a cálculo y estrategia, cuando no a mero balance empresarial: cálculo de ventajas e inconvenientes, costos y beneficios, ganancias y pérdidas. Con la racionalidad capitalista, las cosas, incluyendo al hombre como una cosa más, ya no valen, sólo compensan; ya no hay cosas buenas o malas, sólo cosas rentables o no, útiles o no, eficaces o no. iv La política es el arte de gobernar la polis, el arte de vivir bien juntos en una polis bien organizada, el arte de gestionar la convivencia y los conflictos de intereses La política tiene que ver con el tránsito, siempre conflictivo, entre intereses privados e intereses públicos, comunes y compartidos. La política busca solucionar los conflictos entre intereses (donde hay intereses, siempre hay conflicto de intereses). La democracia, por su parte, es el arte de organizar entre todos lo que es de todos. La democracia es una manera pacífica, no violenta, de resolver (entre todos) nuestros conflictos hablando, dialogando, argumentando, convenciendo, seduciendo, negociando, llegando a acuerdos que se positiven en forma de derechos, las reglas de juego de la vida democrática. La democracia busca crear (entre todos) las condiciones para poder vivir bien juntos, para relacionarnos entre nosotros como personas, no animales o cosas, para definir y solucionar nuestros problemas, así como para defender nuestros derechos e intereses, sin dejar por ello de construir una sociedad mejor, más libre y autónoma, más justa y solidaria. La democracia, por tanto, es autoorganización, autogobierno y participación de todos los ciudadanos en los asuntos y problemas de la ciudad. v El 15 de Noviembre de 2012, el movimiento 15M de Oviedo ocupa (libera, recupera para la ciudadanía) la antigua Consejería de Sanidad, objeto de un turbio asunto de especulación urbanística, y la convierte en un Centro Social Autogestionado: La Madreña. He aquí un eco del grito de protesta que fue el 15M, un ejemplo del paso de la indignación a la acción. La Madreña es una denuncia (de la especulación urbanística) a la vez que una alternativa (el propio funcionamiento de La Madreña, asambleario, ya es una alternativa política), un intento colectivo de hacer las cosas de otra manera, con otras reglas de juego. vi ¿Cómo llamar sino a vender preferentes tóxicas a ancianos con Alzheimer?