¡Sí, se puede!

14 de marzu de 2013 DE 2013 • Pedro Pablo Bazán

“¡Sí, se puede!” Ese era el grito de júbilo lanzado por Juan García Oliver los días 19 y 20 de julio de 1936. En sus memorias recuerda García Oliver como tuvo que escuchar de boca del pueblo el “¡No se puede!” por dos veces: la primera tras la denominada Semana Trágica de 1909; la segunda tras el fracaso revolucionario de 1917. A la tercera fue la vencida y el “¡Sí, se puede!” de García Oliver recorrió las bocas de todo el pueblo de Barcelona.

El 20 de julio la sublevación militar había fracasado totalmente en Barcelona, el pueblo en armas se había hecho dueño de su destino, el júbilo y la alegría generales recorrían las calles. El “¡Sí, se puede!” retumbaba en plazas por toda la ciudad. Asambleas de calle, de barriada, de fábrica habían tomado el control. El pueblo había podido, había luchado, se había batido y había triunfado.

El “¡Sí, se puede!” de Barcelona no había sido totalmente fruto de una reacción espontanea del pueblo. Desde la primavera, a sabiendas de que la sublevación militar era inminente, los grupos de defensa confederal, organizaciones de carácter paramilitar, habían aumentado los preparativos de cara al golpe: acopio de armas, municiones, entrenamiento, etc. Su cuidada organización de carácter horizontal se puso en marcha la noche del 17 de julio: en tres días y con más de 400 muertos a sus espaldas habían derrotado al Ejercito; el pueblo había salido la misma noche del 17 a las calles, concentrados frente al Palacio de la Generalidad catalana pedían armas al presidente Companys para luchar contra el Ejercito; el presidente no sabía a quien temer más, al ejercito sublevado o al pueblo revolucionario.

El “¡Sí, se puede!” del 19 de julio fue fruto del pueblo, fue el pueblo el que tomó conciencia de la situación y el que le hizo frente de forma decidida, pero sin la actuación de un grupo de hombres que no dudaron en ofrecer su vida por el pueblo nada se hubiera conseguido. Esos hombres, conscientes de la situación, habían decidido organizarse para hacerle frente, fue esa organización la que logró que el grito de "¡Sí, se puede!" recorriera la ciudad.

el famoso “Yes, we can” (...) slogan fabricado por la mercadotecnia electoral capitalista, se queda en una patética consigna ciudadanista que sólo pretende la fabricación de una ilusión, la de un cambio que no es tal; es entonces cuando el grito de “¡Sí, se puede!” sólo quiere ser el desahogo de una frustración interior que no se materializa en un acto verdaderamente transcendental para nuestras vidas.

Hoy oímos también ese grito cuando el pueblo organizado logra parar un desahucio (continuando, quizás sin saberlo, la estela de la “huelga de alquileres” barcelonesa de los años 30). Los desahucios que se paran son gracias a la organización previa de un grupo concienciado que da ejemplo con su lucha al resto del pueblo.

Oímos también ese grito muchas otras veces aunque solo como consigna, como deseo, como imitación del slogan de la primer campaña electoral del ahora presidente de los EE.UU., Barack Obama, el famoso “Yes, we can”. Es cuando se repite ese slogan fabricado por la mercadotecnia electoral capitalista, cuando el grito se queda en una patética consigna ciudadanista que sólo pretende la fabricación de una ilusión, la de un cambio que no es tal; es entonces cuando el grito de “¡Sí, se puede!” sólo quiere ser el desahogo de una frustración interior que no se materializa en un acto verdaderamente transcendental para nuestras vidas.

Vencer al Ejercito sublevado en julio de 1936 e iniciar con ello la Revolución Social fue un acto transcendental para el pueblo barcelonés, seguramente el mayor de sus vidas.

Parar un desahucio y lograr que una familia no duerma en la calle esa noche es un acto transcendental, tanto para la propia familia como para aquellos que ven como con su lucha se ha conseguido su propósito.

Si hoy, como ayer, queremos que el “¡Sí, se puede!” sea una realidad, que recorra las calles, que demuestre que los sueños se pueden cumplir; tenemos que ponernos manos a la obra, tenemos que organizarnos, tenemos que mirar atrás y ver lo hecho, analizar lo conquistado, lo perdido, los aciertos y los errores y, lo más importante: tener claro qué es lo queremos, cómo lo queremos y cuándo lo queremos, el resto es sólo cuestión de organizarse.

Hoy más que nunca: ¡Sí, se puede!