¿Se prepara Catalunya para Mas de lo mismo?

19 de payares de 2012 DE 2012 • Diego Díaz

Por si usted aún no lo sabía, sepa que este domingo se celebrarán en Catalunya elecciones anticipadas, y ya sea con mayoría simple o absoluta, todas las encuestas publicadas hasta la fecha, coinciden en señalar que la derecha nacionalista catalana, reconvertida oficialmente desde septiembre de este año a un independentismo muy poco creíble, será la ganadora. Lejos de acusar el desgaste de numerosos escándalos de corrupción y de dos años aplicando la tijera en sanidad, educación y derechos sociales, Artur Mas y Durán i Lleida son los políticos catalanes mejor valorados.
El independentismo ha pasado en los últimos diez años de la marginalidad a ser una opción con cada vez más arraigo, abrazada por todo tipo desde personas, desde jóvenes aborrokados a empresarios horteras como Joan Laporta, pasando por intelectuales refinados y elegantes como Salvador Giner o Xavier Rubert de Ventós. Hoy existen en Catalunya independentistas para todos los gustos: neoliberales, socialdemócratas, anticapitalistas, verdes, anarquistas… En la sociedad catalana se combina un fuerte (y comprensible) hastío de un nacionalismo español intransigente, transversal a PP y PSOE, que se niega a abrir cualquier discusión sobre una reforma del modelo de Estado, y que tiene gran facilidad para conjugar el verbo “españolizar”, con la creencia bastante fabulosa de una España parasitaria que roba a Catalunya y que es el origen de todos sus males.

¿Le sorprende? Cuando las protestas contra la gestión de la crisis por parte de CiU arreciaron, obligando incluso al President a llegar en helicóptero al Parlament, el discurso anti Madrid de Artur Mas se intensificó. Todas las dificultades económicas de las familias catalanas pasaron a ser responsabilidad del Gobierno español. Un concierto económico como el vasco-navarro se convertiría primero en la solución a todos los males de Catalunya y más tarde, tras la masiva Diada por el Estado catalán, nada más y nada menos que la independencia. El President Mas pasaba de ser acosado por el 15M a convertirse en el carismático padre salvador de la patria.

El independentismo ha pasado en los últimos diez años de la marginalidad a ser una opción con cada vez más arraigo, abrazada por todo tipo desde personas, desde jóvenes aborrokados a empresarios horteras como Joan Laporta, pasando por intelectuales refinados y elegantes como Salvador Giner o Xavier Rubert de Ventós. Hoy existen en Catalunya independentistas para todos los gustos: neoliberales, socialdemócratas, anticapitalistas, verdes, anarquistas… En la sociedad catalana se combina un fuerte (y comprensible) hastío de un nacionalismo español intransigente, transversal a PP y PSOE, que se niega a abrir cualquier discusión sobre una reforma del modelo de Estado, y que tiene gran facilidad para conjugar el verbo “españolizar”, con la creencia bastante fabulosa de una España parasitaria que roba a Catalunya y que es el origen de todos sus males. En el imaginario de muchos catalanes ha calado la idea de que su comunidad sería mucho más próspera sin tener que mantener a unos improductivos extremeños y andaluces que sólo les generan gastos, y que recuerdan a los napolitanos y sicilianos de los que habla en un tono despectivo bastante parecido la Liga Norte italiana.

Fue ERC la primera en hablar de expolio fiscal, y ese discurso ha sido hoy día asumido por la mayor parte de los partidos y medios de comunicación catalanes, sean o no independentistas.

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La situación de crisis ha agravado aún más la insatisfacción con respecto a las relaciones España–Catalunya, y mientras muchos españoles creen innecesarias las autonomías y verían con buenos ojos un proceso de recentralización, en Catalunya aumentan las voces independentistas. CiU ha querido subirse a ese tren, a pesar de lo peligroso que resulta, tratando de capitalizar el independentismo que se respira en la calle y desplazando el malestar social de sus políticas a favor de los ricos a un enfrentamiento con un Gobierno de Rajoy siempre dispuesto a entrar al trapo del anticatalanismo. A día de hoy las principales dudas con respecto a las votaciones del domingo son cómo de holgada será la victoria de CiU, y cuál será la segunda fuerza política en el Parlament; el centro izquierda independentista, es decir, ERC, o la derecha nacionalista española, el PP. Todo parece indicar que el PSC sufrirá un desplome sin precedentes. Y es que como ya se pudo comprobar en las elecciones gallegas, el PSOE está siendo el partido más perjudicado por la crisis. La derecha, pese al incremento del desempleo y su política de recortes sociales, resulta mucho más creíble y convincente para su electorado que un partido socialista que un año después de haber salido del Gobierno sigue cayendo en las encuestas.

En Catalunya esta dinámica se repite, y tanto CiU como el PP mejorarán según todos los pronósticos sus resultados de hace dos años. Paradojas de lo social, pues dos de los partidos con mayor responsabilidad en el deterioro de las condiciones de vida de la población, saldrán reforzados con mucha seguridad en las urnas. Y es que en lugar de afrontar un desagradable y engorroso debate sobre economía, derechos sociales, privatización de servicios públicos, desahucios o regeneración democrática, en el que en buen alid llevarían todas las de perder, el pleito en torno a la independencia o no de Catalunya ofrece un terreno de emociones fuertes en el que los dos partidos del fundamentalismo neoliberal parecen moverse como pez en el agua, frente a un PSC atravesado por graves conflictos de identidad y cuya defensa de última hora del federalismo no se cree nadie, empezando quizá por ellos mismos. Los socialistas atacan a CiU por el flanco social y hablan de recortes, pero como si la cosa no fuera con ellos, y como si el electorado no recordara que las primeras embestidas contra los derechos laborales y los servicios públicos comenzaron con Zapatero en la Moncloa.

ERC también habla de las retallades, pero su discurso es tan nacionalista y tan parecido al de Artur Mas (y esto es así porque CiU se lo ha plagiado) que pareciera como si estas fueran responsabilidad exclusiva de un modelo de financiación que maltrata a Catalunya, y que obtenida la independencia se alcanzaría automáticamente un Estado del Bienestar a la sueca.

Por el contrario, Iniciativa per Catalunya, pese a defender el derecho de autodeterminación, y moverse entre su tradicional federalismo y un creciente filo secesionismo, ha centrado su campaña en la denuncia de las políticas antisociales y antiecológicas de CiU, y en señalar como la política económica de Convergencia y del PP son la misma, poniendo de manifiesto los múltiples acuerdos entre ambos partidos en temas cruciales. Los sondeos no vaticinan sin embargo un crecimiento importante a los ecosocialistas y sus socios de Esquerra Unida. Una razón de esto puede ser la distancia entre sus su discurso más o menos antisistema y la realidad de un partido profundamente institucionalizado y liderado por políticos profesionales que se diferencian de los del PSC en pocas cosas.

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Todo lo contrario a lo que pasa con la Candidatura d´Unitat Popular. La coalición de izquierda independentista cuenta con candidatos y cuadros jóvenes bregados en el activismo social. La CUP podría entrar con fuerza en el Parlament y ser la revelación electoral si logra conectar con sectores sociales indignados, que más allá de que se identifiquen o no con su independentismo pancatalanista, vean en esta formación una alternativa real a los partidos del sistema y su voz en las instituciones.

Una imagen de frescura y regeneración democrática que curiosamente los indepes comparten con el partido unionista Ciutadans. Los de Albert Rivera parecen haber tomado buena nota del heterogéneo malestar de la ciudadanía. Su imagen renovadora, de partido de políticos no convencionales, combinada con su defensa de los servicios públicos frente a los ataques de la derecha y de una identidad catalano española orgullosa de serlo, puede disputarle muchos votos al PSC. Ciutadans también se apunta en su programa, como el PP o la Plataforma per Catalunya, a la denuncia de la inmigración ilegal como foco de inseguridad, entrando, eso sí, con algo más de tacto, pero con la misma lógica criminalizadora del inmigrante ilegal, en ese discurso de la mano dura y la tolerancia cero que tan buenos réditos ha reportado a estos dos partidos xenófobos en las localidades con fuerte presencia de personas extranjeras, como Badalona o Vic.

Con sus peculiaridades y una mayor pluralidad de opciones políticas, todas las previsiones indican para el 25N un resultado en Catalunya muy similar al de Galicia. Una derecha que resiste el desgaste de la crisis y las protestas, y el desplome de un socialismo cuyo espacio comienza a ser fagocitado por otras formaciones de la izquierda. El domingo lo sabremos.

Las razones del independentismo

Tras el 11 de septiembre de 2012 la mayoría de la sociedad catalana ha dado por muerto el actual marco autonómico. El independentismo, tradicionalmente una corriente minoritaria en el nacionalismo catalán, realizó ese día la mayor demostración de fuerza de su historia y gana apoyos en una sociedad catalana duramente golpeada por la crisis económica y por los recortes de CiU y el PP. El debate entre las opciones independentista y federalista polariza una opinión pública donde el vigente estatus autonómico sólo encuentra defensores en el PP y en Ciutadans.

Para el catedrático de historia contemporánea de la Universitat Pompeu Fabra Josep Maria Fradera, el actual auge del independentismo no es “ni una conspiración de café, ni una manipulación desde arriba”, sino que es un movimiento real, fundamentalmente de clases medias autóctonas, y con más fuerza en las comarcas que en Barcelona. Para Fradera el movimiento arranca en los últimos años del aznarismo, algo en lo que coincide con el politólogo Roger Buch, para quien “pocas personas han hecho tanto por el independentismo como Aznar”.

La anulación del Estatut por el Tribunal Constitucional tras el recurso del PP, y sobre todo la crisis, son los factores que en opinión de Fradera han propulsado al independentismo de la marginalidad al centro de la agenda política. Para el politólogo Raimundo Viejo, Artur Mas se ha subido a esta ola independentista con el objetivo de lavar su imagen, dañada por la crisis, la corrupción y los recortes, y tratar de lograr una prórroga de su mandato, y a ser posible con mayoría absoluta. Para el politólogo, ésa es la principal preocupación de un president que va de farol, “porque hacer una consulta ilegal no significa iniciar un proceso de ruptura con el Estado español”. Fradera también considera que CiU se mueve mejor en la ambigüedad que en una apuesta clara por el independentismo, que disgusta a los grandes poderes económicos que representa y le financian. Buch por el contrario cree que Mas “está jugando una partida de ajedrez perfecta”, y que su pulso con el Estado central va en serio, pues aunque la independencia sea peligrosa, no hacer nada en un momento de efervescencia independentista como éste puede ser mucho más peligroso para CiU que, o trata de encabezar el movimiento, “o puede verse arrollado por él”. Según el politólogo, “mucha gente en el independentismo de izquierdas acepta el liderazgo de Artur Mas aunque le duela”. ERC es por el momento incapaz de nuclear una gran coalición socialdemócrata independentista capaz de arrebatarle la hegemonía del nacionalismo a CiU, una opción que según Fradera este partido trataría de cortocircuitar a toda costa.

ERC fue pionera en hablar del déficit fiscal catalán, un concepto que en los últimos años ha calado con fuerza en la sociedad catalana. Según Fradera es una exageración hablar de expolio o de robo, pero no lo es señalar el incumplimiento de las inversiones del Estado y el “agravio comparativo” que supone que Euskal Herria y Navarra puedan tener su propia hacienda y Catalunya no. Según el historiador, no sólo Catalunya tiene problemas, “otros territorios sufren altísimas tasas de desempleo, como Andalucía y Extremadura”, así que lo deseable sería “sentarse en torno a una mesa y discutir sobre todos los agravios territoriales buscando criterios de equidad”. Sin negar ese déficit fiscal, el economista Vicenç Navarro en un reciente artículo publicado en Público señalaba que la principal causa del deterioro de las condiciones de vida en Catalunya está en las políticas económicas llevadas a cabo por CIU y el PP, una idea en la que está insistiendo la coalición ICV-EUiA, que está basando su campaña electoral en denunciar las complicidades entre las derechas catalanista y españolista.

Iniciativa y sus socios de Esquerra Unida apoyan el derecho de autodeterminación pero no quieren convertirse en comparsas de Mas. Para Fradera, que cree que la coalición de izquierdas no puede soportar “estar fuera de la movida”, le será difícil introducir elementos sociales como pretende, pues la agenda nacionalista es la que se ha impuesto en Catalunya. Por el contrario, según Raimundo Viejo, la izquierda ecologista y comunista está jugando muy hábilmente tanto en el terreno nacional como el social, siendo la oposición real a CiU en el Parlament, pero puede empezar a “sudar la gota gorda” si la izquierda independentista, las Candidatures d’Unitat Popular, (CUP) se presentan a las elecciones autonómicas, pues “el ‘no nos representan’ del 15M puede encontrar un ‘sí nos representan’ en las CUP’”. La izquierda independentista se ha convertido en un duro competidor de ERC y de ICV en varios municipios, gracias a su fuerza en sectores juveniles y en los movimientos sociales. Frente a otros proyectos fallidos de la izquierda independentista, las CUP se han construido de abajo a arriba, dotándose primero de una base municipal. Ahora han iniciado un proceso asambleario para discutir si se presentan o no a las autonómicas, y es muy probable que concurran.

Federales todas

El federalismo, más o menos beligerante, ha sido históricamente la postura de socialistas, ecosocialistas y comunistas catalanes. El independentismo, sin embargo, se ha hecho un hueco entre las bases y dirigentes del PSC y de ICV-EUiA. En el PSC el debate está siendo fuerte y Ernest Maragall y otros dirigentes apuestan por separarse del PSOE y construir un nuevo referente de todo el centro izquierda soberanista. Para Roger Buch la solución federalista ahora defendida por los socialistas españoles, tras unas primeras declaraciones de Rubalcaba contrarias a cualquier movimiento secesionista, llega tarde. En opinión de Raimundo Viejo el federalismo es en el mundo de hoy “más una obligación que una opción”, y como proyecto político es mucho más realizable que la independencia, pero cuenta con el problema de que “apenas hay federalistas en España”. Este federalismo tendría que empezar por el federalismo fiscal, estableciendo luego elementos de compensación o solidaridad, como existen en Alemania o Suiza.

Qué camino tomará la ciudadanía catalana es hoy una incógnita, y lo que pase en los próximos meses en la España de la crisis, donde, según revela el sondeo del CIS, la mayoría de la sociedad ha decidido tomarse la cuestión con normalidad, influirá en encaminar a Catalunya hacia un proceso de secesión o hacia una reconfiguración federal del Estado de las autonomías.

* “Las razones del independentismo”, por Diego Díaz para el periódico Diagonal, 15 de octubre de 2012.

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