San Gallardón, tú que nos haces más bellas, justas y buenas

23 de avientu de 2013 DE 2013 • Rosario Hernández Catalán

Ayer Gallardón, en el día más oscuro del año, el 20 de diciembre, nos obligó a iniciar una intensa tarea moral. Hoy, día 21 de diciembre, comienzan a crecer los días. Es el solsticio de invierno. Vuelve la luz. Celebremos la vuelta del Sol.

Tenemos que tener la cabeza fría y el corazón caliente. La pasión razonada, la razón apasionada. Siempre. En la desesperación, en la rabia hay quienes hablan de organizar la violencia. Me gustaría, pero nunca olvidemos que ellos tienen la OTAN. Si lográsemos generar, por ejemplo, miles de colectividades libertaria, autosuficientes y feministas, ellos tendrían siempre la OTAN. Es la OTAN, es la OTAN...

Son muchos los frentes. Pero los frentes vienen ya de lejos. La crisis ha venido perpetua. El sinsentido de la economía mundial, del capitalismo financiero, del capitalismo sin adjetivos es lejano. El sinsentido de los Estados, que han hecho que buena parte de las personas seamos eternas menores de edad, que han hecho creernos aquel mierdoso mantra de que el "hombre es un lobo para el hombre" es también canción bien vieja. Y todo ello, aderezado, aguijoneado, espolvoreado por esa simulación virtual llamada Patrix en la que todas y todos vivimos.

Me interesa saber cómo van a ser nuestras respuestas. Hace unos pocos años el tono vital y moral del país era más bien bajo. Quienes militábamos en algo o en todo, quienes éramos activistas en los tiempos de la bonanza posfordista, éramos vistas con condescendencia, como la excepción que confirmaba la regla del vacío moral de la mayoría. Seguimos siendo pocas, pero ahora la rabia y el amor son más intensos. Ya no es posible aburrirse. Vienen tiempos duros, muy duros, pero muy hermosos. Donde cada día nos pondremos a prueba, donde cada día veremos hasta qué punto de honesta y coherente es nuestra condición humana. Hasta qué punto estamos dispuestas a entregar nuestra comodidad y seguridad con tal de agasajar a la diosa Libertad. Y cuando en la vida hay muchas pruebas de este tipo, yo juraría que entonces la vida es más sabrosa. Decía Margarita Yourcernar: "Qué aburrido hubiera sido ser feliz". No queremos la paz perpetua del consumismo, de la vida perfecta de por vida que acaba con la vida. Este sabor agridulce de la incertidubre, de la rabia en libertad nos obliga a estar alertas de nosotras mismas. Nos impide el sueño bobo.

Son tiempos contrarios a la atonía, a la acedia, a la depresión. Contrarios a la melancolia. Son tiempos tal vez de ansiedad, pero no de aburrimiento. Gentes que nunca nos habíamos tenido que poner a prueba, quizás ahora tengamos que definirnos claramente. Dar un paso adelante. Y entonces es cuando se puede decir que los fascistas, que San Gallardón nos obligan a vertebrarnos ferréamente. Nos obligan a hablar y estar en dignidad, en apoyo mutuo, en pasión revolucionaria. No sólo en pasión de resistencia. Nos manifestamos, nos rebelamos para mendigar, para que no nos quiten más, para que no nos recorten. Bien, lo entiendo. Pero no debemos olvidar que mientras tanto deberíamos estar cocinando el plan B a esta hidra de tres cabezas que son el Capitalismo, el Estado y el Patrix. Por eso digo que la pasión de la resistencia no nos debe hacer olvidar la pasión revolucionaria. No sea que entre tanto recorte y tanta represión, por algúna bendita razón que se me escapa, puedan emerger claras posibilidades de generar el ansiado mundo nuevo que durante generaciones las mujeres y hombres de bien de este planeta hemos estado soñando.

Combinar la urgencia de la resistencia con la importancia de la Revolución Social. Ahí está uno de los trucos. El otro, combinar una mente fría con un corazón y un coño bien calientes. Quizás esta vez logremos hacer algo verdaderamente bueno, justo y bello.