Roja y expulsión

18 de marzu de 2013 DE 2013 • Nacho Muñiz

Hace unos días, el futurible presidente de Venezuela Nicolás Maduro, llamaba “maricón” (que tampoco quiero justificar pero que yo también he usado en momentos de enfrentamiento), al candidato de la derecha, Henrique Capriles, por no tener hijos. La derecha mundial, ironías de la vida, salió a la defensa de la libertad sexual llamándonos "despistados" a los que apoyamos el movimiento Bolivariano.
Poco después, cuando Maduro rectificó, esa misma derecha le llamaba maricón.
Así es la derecha, tampoco puedes pedirles más, y es que como dice Galeano la derecha ama las ideas generales porque “Quien generaliza absuelve”, es decir, lo que toda la vida llamamos “tonto”, “idiota”, “imbécil” o en asturianu, “babayu”.

Simplificar en política, como en la cultura, es típico de la derecha: bares gallegos llenos de banderillas y paellas en Londres; afirmaciones como “todos los vascos son...” y “el problema es que hay muchos coches oficiales”, que dan mucha vergüenza ajena. Por eso nuestra obligación es ser críticos más con nosotros mismos que con la derecha, pues ellos son muy coherentes con lo que defienden: el dinero es el centro del mundo y hay que abrir todas las fronteras para que corra, no así las personas. Al fin de cuentas, Rajoy pudo mentir con lo del IVA y demás, pero al que cree que por ser de derechas sabes más de economía deberían retirarle el derecho a voto.

Y para comprobar lo que representa simplificar en cultura no hay más que ver, por ejemplo, como retrocedió el movimiento de reivindicación lingüistica en Asturies.
Evidentemente un problema es en sí misma Asturies, como espejo de las políticas desarrolladas en los últimos 70 años: un país envejecido, donde la mitad de la población vive de las subvenciones y prejubilaciones y la otra mitad vive asqueada con todo, gracias al mejor trabajo despolitizador del Estado, primero con el franquismo y su política de “trabajo = paz social” y continuada con la toma de control de Asturies por los diferentes gobiernos de PSOE o PSOE-IU.

Por otro lado está la izquierda asturiana, que en su día llevaba la reivindicación de nuestros derechos lingüísticos que aceptó, no toda, también hay que decirlo, eso de que “la lengua no es de derechas ni de izquierdas”, desvinculando la cultura totalmente de la política, mientras la derecha más reaccionaria, en forma de PSOE en Asturies, hacía política de la lengua con su famoso “soy ciudadano del mundo”, como si los falantes d’asturianu viviéramos en Marte. Ante un discurso cláramente politizado, vestido de falso internacionalismo, se respondía con “la lengua va a desaparecer”, y claro, nos mearon.

La lengua asturiana, la cultura asturiana, es una cuestión de derechos, ni más ni menos; y los que defendemos el derecho a usarla debemos tener el objetivo de expulsar de las instituciones a los enemigos de la libertad de uso.

Así:

  • Se abrazó el posibilismo y se fracasó, quizás ya de forma irremediable, porque lo importante era sumar apoyos de gente que ni quiere ni querrá nunca nuestra lengua cuando el objetivo debería ser expulsarlos de nuestras instituciones.
  • Se defendió el derecho de la lengua a sobrevivir cuando se debía defender los derechos de las personas a usar su idioma sin ser marginado por ello.
  • Se apostó por desarrollar una ley de protección de la lengua que en manos de la FSA se convirtió en una herramienta para demostrar que ellos se preocupan por la lengua, no de los que la hablan, aunque es una ley que considera nuestra lengua de segunda (no digo que no se pueda usar para una denuncia por discriminación, pero no como centro de la política de un movimiento prolengua).

Y como prueba de esta despolitización, y fracaso, del movimiento sólo hay que ver dónde están muchos de los “viejos” perros de la defensa lingüística: FAC, y ahora nos echamos las manos a la cabeza cuando estos mismos políticos eliminan el nombre de Xixón de festivales o carteles. Pero la verdad es que todos hemos escuchado a gente de izquierdas lamentarse de que en Asturies no existiera una burguesía a la catalana que apostara por nuestra cultura. Pues ya tenemos a Rubiera, Inaciu Iglesias o Felechosa... Comparen.

En un reciente articulo por el Día de la Mujer Trabajadora Rosario Hernández Catalán hablaba básicamente de lo mismo desde un punto de vista feminista. La manifestación por la manifestación, el “pedir” (o rogar, o suplicar, o implorar...) a los dirigentes políticos que hagan esto o aquello, que nos concedan un derecho (sic) es agotador y, aunque a veces se logre algo, suele resultar bastante inútil. Un movimiento lingüistico que en lugar de apostar por expulsar a los que impiden nuestros derechos lingüisticos apostó por “hacerles cambiar de idea” está condenado al fracaso. Todavía están riéndose en la sede del PPSOE.

La cultura no es apolítica porque no apolítico apostar por crear o no bibliotecas públicas, o por pagar o no por la educación, o gastar dinero público en celebrar Halloween o San Patrick’s Day mientras ahogas a los grupos de baile, o soltar estupideces como que un niño que habla inglés está mejor preparado que otro que no (lo que es una generalización absurda, como digo, de imbéciles)

La lengua asturiana, la cultura asturiana, es una cuestión de derechos, ni más ni menos; y los que defendemos el derecho a usarla debemos tener el objetivo de expulsar de las instituciones a los enemigos de la libertad de uso.