Reapropiación: Desenterrando la historia del proletariado revolucionario

3 de febreru de 2014 DE 2014 • Glayiu

Lxs compañerxs de la Biblioteca Subversiva Crimental de Xixón presentan la revista Reapropiación, con el objetivo de hacer un verdadero balance crítico de las luchas del pasado, su primer número dedicado a las Jornadas de Mayo de 1937, con textos de Los Amigos de Durruti, Grandizo Munis, Bilan y Agustín Guillamón.

La revista se puede adquirir en los locales de referencia en Asturies y en pdf desde su web

La lucha de nuestra clase contra el capitalismo, por la comunidad humana, entendida como un cuerpo en movimiento, con la experiencia de los golpes recibidos, de las caídas... ha de servir necesariamente para hacernos mas fuertes. Por esa razón se hace necesario no dejar que se borren nuestras cicatrices.
Si algo hay que reconocer a la burguesía es su capacidad para aprender de la historia y mejorar sus técnicas de lucha contra su clase antagónica, el proletariado. Se prepara golpe tras golpe, aprende del pasado, utiliza nuevas y viejas formas de domesticación y canalización de las luchas, y prepara los mecanismos represivos que necesita para un nuevo periodo de luchas que inevitablemente se avecina, luchas cuyo motor no se diferencia de las del pasado, la contradicción entre las necesidades humanas y las de la economía, la contradicción cada vez mas devastadora entre la vida en este planeta y la muerte que inevitablemente deja a su paso la dictadura capitalista.
Apoderarse de las luchas del pasado, reescribir cada pasaje de la historia según los intereses del capital, ha sido siempre una preocupación primordial de la burguesía para mantener su dominación. Lo que no ha sido ocultado, ha sido tergiversado, desfigurando nuestras luchas para integrarlas en el horizonte capitalista.
Nos encontramos así con que las revueltas que hicieron temblar los cimientos del capitalismo eran luchas por la democracia, por el fin del feudalismo, por la liberación nacional; que el comunismo por el que dieron sus vidas las masas proletarias no consistía en el aniquilamiento del trabajo asalariado, la mercancía y el Estado, sino que su esencia era el capitalismo adornado con banderas rojas, hoces y martillos; que el anarquismo era un ideal surgido en los cerebros de ciertos intelectuales, etc, etc... La burguesía nos cuenta así, de su puño y letra, nuestra propia historia, maquillada y puesta al servicio de la dictadura democrática del Capital, adaptándola para el consumo responsable de las masas. La revolución social se convierte así en un reajuste entre la ganancia burguesa y el salario, en el capitalismo ideal depurado de sus contradicciones soñado por el poder.
Esta negación de la historia, posibilitada por la derrota del proletariado, no hace sino prolongar los efectos de la derrota. Negada la historia se niega al sujeto, negado el sujeto se niega su historia. Ese es el objetivo permanente de nuestro enemigo que repite machaconamente desde todas partes y con todo tipo de voceros. Nos dan la democrática opción de elegir identificarnos entre tantos sectores sociales como formas de explotación existen. El proletariado ya no es una clase social constituida por todos los que solo tenemos nuestra fuerza de trabajo como único medio de vida, un ser histórico determinado por su condición a luchar por destruir el mundo que lo esclaviza. Eso, parecen decirnos, sería poco democrático, intolerante, iría contra la pluralidad de los ciudadanos, que deben poder elegir su identidad, igual que eligen cualquier otra mercancía; igual que eligen si morir de hambre en un parque o de frío en un banco.
A ello contribuyen (consciente o inconscientemente, es indiferente) toda una serie de gurús que pululan por ambientes “contestatarios” que, incapaces de ver mas allá de sus narizotas, repiten sin cesar cual papagayos que no existimos, que el proletariado no existe, negando el antagonismo de clase y desarmándonos. Presentándonos la historia de la lucha del proletariado como algo ajeno a la actualidad, como algo del pasado que ya no sirve para la lucha presente, contribuyen a quitarnos el tesoro mas grande que tenemos como proletarios, la experiencia histórica. Las luchas contra el capital que se abren paso los pondrán a todos en el sitio que merecen, el vertedero de desechos tóxicos de la historia.
Contra todo esto es necesario reapropiarnos de nuestra historia, de la historia de la lucha por abolir el capitalismo, reapropiarnos de nuestra experiencia histórica, reestablecer nuestros lazos con el pasado y extraer las lecciones que nos marca. Es imposible reemprender el combate contra el capital con posibilidades de victoria sin asumir nuestra lucha como continuación de las luchas del pasado, sin que estemos armados con la fuerza de toda la experiencia acumulada, sin que las derrotas del pasado sirvan de orientación revolucionaria. Esa es una tarea de primer orden, no la única evidentemente, en el proceso de reconstrucción del movimiento revolucionario.
Hacer hoy un verdadero balance crítico de las luchas del pasado, es totalmente imposible sin destruir toda una telaraña de ideologías tejida por nuestro enemigo, retomando al mismo tiempo el valioso material revolucionario que nuestros antepasados nos dejaron. No es otro el objetivo de esta publicación.