Que veinte años no son nada…

Xente Gai Astur lleva dos décadas de activismo por los derechos de gais, lesbianas y transexuales

26 de payares de 2012 DE 2012 • Tino Brugos

1 de Diciembre de 1992. En el comedor situado en el bajo de un restaurante ya desaparecido, en la calle Jerónimo Ibrán de Uviéu, se reunieron un grupo de unas veinte personas para cenar coincidiendo con el Día Mundial de Lucha contra el SIDA, aprovechando la visita de Jordi Petit, en aquel momento portavoz de la Coordinadora Gai-Lesbiana de Cataluña. Esa fue la primera actividad, más o menos pública, de lo que ya empezaba a tomar cuerpo y que muy pronto sería conocido como el grupo XEGA (Xente Gai Astur).
“Vivir la gaidad en los años 90 no era ya un trauma como en la época de Franco. La ley de Peligrosidad Social había sido derogada en su totalidad y los zarpazos represivos habían desaparecido, aunque seguía existiendo miedo entre mucha gente.”
“En el Topu Fartón se organizó un turno gai invisible desde fuera pero conocido desde dentro.”
“La epidemia del VIH-SIDA era, en aquellos años, un tema de urgencia inmediata. Se trataba de una auténtica plaga que estaba causando muertes entre gente conocida y que amenaza con afectar al conjunto de la sociedad. Eran años en los que se sabía poco de la enfermedad.”

Desde que a finales de septiembre se inició el curso político, tras las uvieínas fiestas de San Mateo, se fueron conformando dos grupos paralelos de gais, con base en Uviéu, que aspiraban a conformar un colectivo que asumiera los postulados ideológicos de la liberación gai. Se trataba de algo totalmente novedoso en el panorama social asturiano. Con el tiempo nos enteraríamos de algún intento previo para constituir un grupo semejante en Xixón así como en Avilés, donde llegaron a pegarse algunos carteles con motivo de la celebración del 28 de junio, Día Internacional. Sin embargo, ambos intentos no llegaron a cuajar. Al mismo tiempo, poco más de un año antes había comenzado a funcionar en Xixón el Colectivo de Feministas Lesbianas. En realidad, parecía haber llegado el momento, bien tarde ya, de que las lesbianas y los gais de Asturies comenzaran a organizarse.
Hasta 1990 rastrear una presencia pública de lesbianas y gais en la sociedad asturiana es una ardua tarea que ofrece pocos resultados. Hemos localizado cartas con remites asturianos en alguna de las primeras revistas que comenzaron a circular por los kioskos tras la llegada de las libertades (Cover Boys) e incluso en la revista Asturias Semanal se publicó alguna carta, a principios de los años setenta, así como un informe sobre la homosexualidad, pero se trata de simples gotas de agua en un océano.

Vivir la gaidad en los años 90 no era ya un trauma como en la época de Franco. La ley de Peligrosidad Social había sido derogada en su totalidad y los zarpazos represivos habían desaparecido, aunque seguía existiendo miedo entre mucha gente

En los casos citados se trataba de madres preocupadas por el futuro de unos hijos de quienes conocían su orientación gai. Sin embargo, para la buena parte de los gais y las lesbianas, el armario era la actitud mayoritaria salvo, quizá, entre el círculo de amistades más cercanas.

Vivir la gaidad en aquella época no era ya un trauma como en la época de Franco. La ley de Peligrosidad Social había sido derogada en su totalidad y los zarpazos represivos habían desaparecido aunque seguía existiendo miedo entre mucha gente. Por lo demás, aunque había personas que podían permitirse el lujo de viajar hasta Madrid o disfrutar de unas vacaciones en un destino turístico con afluencia gai, otra mucha gente no podía hacerlo o ni siquiera sabía que dichos destinos existieran. Era, todavía, la época del silencio. Nada en los medios de comunicación, nada en el entorno social, mucho menos en la escuela. Si hablamos de áreas rurales la situación era aún peor. Solo quienes tenían mayores inquietudes o posibilidades podían conocer algo de lo que se estaba gestando desde hacía más de quince años fuera de nuestra tierra. De hecho hubo quienes dijeron que el intento de montar un grupo como XEGA en Asturies estaba llamado a fracasar porque de ser posible eso, se habría hecho mucho antes.

El COSAL como vivero

Ya está escrito en algunos libros. El Comité de Solidaridad con América Latina (COSAL) se convirtió en el espacio en el que, por casualidad, fuimos coincidiendo varios activistas de la solidaridad con orientación gai. Al principio ni lo sabíamos, a mitad de camino comenzamos a desarmariarnos y, al final, empezamos a valorar la posibilidad de organizar algo parecido a un grupo gai. En esos primeros momentos Julián Alonso, José Manuel González y quien firma este artículo empezamos a dar unos pasos que no se han detenido hasta hoy. A este grupo hay que añadir a Adolfo Saro (activista de IU) que jugó también un papel de catalizador de iniciativas y propuestas. Activado el núcleo inicial lo que se hizo fue poner en marcha una serie de contactos con otra gente conocida, básicamente amistades que en algunos casos colaboraban desde años atrás en el Topu Fartón, con un turno gai invisible desde fuera pero conocido desde dentro.

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Cuando se acercaba el año 1992, desde el COSAL se animó la creación de un Seminario de reflexión sobre el significado del V Centenario, tanto en el momento de la conquista (el Encuentro se decía en la propaganda oficial) como en el momento que nos tocaba vivir. Un texto de Eduardo Galeano, publicado en El País sirvió como detonante para que surgieran grupos semejantes en otros lugares y comenzaran a desarrollarse actividades que ofrecían una interpretación diferente a la versión oficial de la historia. En este sentido, una frase del texto de Galeano encendió la primera idea ya que decía que el V Centenario suponía celebrar el fin de la libertad sexual de los pueblos indígenas americanos.

En el Topu Fartón se organizó un turno gai invisible desde fuera pero conocido desde dentro

Fue José Manuel González quien propuso la posibilidad de poner en marcha un trabajo [NdRedacción: adjunto al pie de este artículo] que nos permitiera leer de primera mano a los conquistadores y descubridores rastreando los contenidos que pudieran hacer referencia a las prácticas sexuales de los indios: ahí descubrimos descripciones pintorescas, la obsesión por buscar el pecado de sodomía, los castigos aplicados sobre aquellos infelices y con todo ello dimos forma a un texto bien documentado que intentaba poner en relación la represión que se abatió sobre las prácticas homosexuales con la conquista y la existente en aquellos años en los diversos países latinoamericanos.
En aquellos momentos los grupos más representativos del movimiento de liberación gai (todavía no se habían constituido los grupos mixtos que hoy predominan como colectivos lgtb) publicaron el texto e incluso organizaron algunas actividades en las que nos invitaron a participar. De repente nos vimos inmersos en un activismo del que desconocíamos prácticamente todo. La contradicción era evidente. Fuera de Asturies dinamizábamos actividades de colectivos gais mientras que aquí no existía ninguna perspectiva de organización estable (salvo el citado colectivo de lesbianas de Xixón).

XEGA toma forma

Tras el paréntesis del verano de 1992 se retomó la idea de organizarnos. No fue una tarea sencilla porque en aquella época existían profundas diferencias entre varios colectivos a nivel estatal. Una corriente se mantenía con los principios que habían dado origen al movimiento al finalizar el franquismo (una visión de cambio social profundo que ayudara a transformar las mentalidades y donde los gais aportaríamos críticas al machismo y al heterosexismo). La otra corriente se planteaba una visión menos politizada y el deseo de ir constituyendo un grupo que ofertara servicios a la población gai (lugares de encuentro y reflexión, asesoría jurídica etc). Dentro del grupo inicial había partidarios de las dos corrientes y, por un momento, se llegó a plantear la posibilidad de crear dos colectivos diferenciados. Afortunadamente se impuso la sensatez y se acordó crear una asociación que tuviera una definición política, dispuesta a intervenir y transformar la realidad social y, al mismo tiempo, ofertara servicios a la comunidad gai. Otro elemento de discusión fue el nombre de la asociación que suscitó una fuerte división entre quienes eran partidarios de una denominación en castellano y quienes preferían que fuera en asturiano. Ambos aspectos plantearon dificultades que solo se pudieron superar con una gran dosis de buena voluntad por ambas partes después de constatar que no tenía sentido que quienes queríamos ser los herederos de Stonewall nos presentáramos divididos en sociedad.

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La epidemia del VIH-SIDA era, en aquellos años, un tema de urgencia inmediata. Se trataba de una auténtica plaga que estaba causando muertes entre gente conocida y que amenaza con afectar al conjunto de la sociedad. Eran años en los que se sabía poco de la enfermedad. Los gais teníamos claro que éramos víctimas de una doble injuria: ser gai y la posibilidad de ser portador eran una apuesta segura hacia la marginación y exclusión social. Por suerte ya estaban trabajando algunos grupos como el Comité Anti-SIDA de Madrid, que dirigía Manuel Trillo y otro grupo semejante estaba funcionando en Xixón. Aún así, era necesario intervenir entre la población gai para informar sobre la necesidad de prevención y a nivel social para explicar algo que hoy parece muy sencillo pero que en su momento no lo era: que existían prácticas de riesgo y no grupos de riesgo.
Nuestra implicación en la lucha en contra del VIH-SIDA nos permitió abrirnos camino rápidamente en varios frentes: entre la gente que buscaba información a la que no era muy fácil acceder en aquella época, entre los dueños de los diversos establecimientos de ocio donde encontramos desde el inicio apoyo y colaboración así como entre unas instituciones que no sabían cómo acceder al a población gai. XEGA se convirtió desde el comienzo en un grupo comprometido con las políticas de prevención frente al VIH-SIDA y en todas las actividades que comenzamos a impulsar el tema del sexo seguro y el reparto de condones formaron parte de nuestra actividad principal. No es por casualidad que la primera charla semipública, fuera con Jordi Petit un 1 de diciembre, ni que nuestra primera salida pública fuera en un acto del COSAL donde repartimos nuestros primeros folletos sobre el asunto. Empezábamos a coger carrerilla para la salida del armario.

Emociones y contradicciones

En aquellos primeros meses existía una sensación de euforia. La sensación de estar ante algo nuevo era algo que estimulaba para la acción aunque existían graves contradicciones que tuvimos que ir resolviendo con la práctica. La que se nos planteó de forma inmediata estaba relacionada con los medios de comunicación. Como no podía ser de otra forma la fundación de XEGA suscitó un cierto revuelo y nos obligó a afrontar el problema de la visibilidad. La existencia del colectivo no sería viable si no éramos capaces de ofrecer una cara, una imagen del mismo. Era un asunto delicado porque, de repente, salían todos los miedos y fantasmas. La asunción de la orientación sexual significaba una salida obligada del armario ante nuestras amistades, familias y en el mundo del trabajo. Si antes se podía elegir cuándo, con quién y en qué momento se daba ese paso (siempre timorato) ahora era necesario afrontar el reto y atenernos a la coherencia a la que nos obligaba el haber decidido formar el colectivo. Afortunadamente entre los miembros del grupo había un sector significativo que tenía una estabilidad laboral y además no era de origen asturiano con lo que el peso de las familias como lastre quedaba amortiguado.
Desde hace veinte años creo que podemos decir que han sido varios centenares las personas que a través de XEGA, con el apoyo del colectivo o en alguna de sus actividades han ido dando ese paso sin especiales traumas.

La generalización de la visibilidad ha sido una constante imparable durante estos años. Sin embargo, sigue existiendo un lastre. No debe ser casualidad que todos los coordinadores de la asociación hasta hoy sean de fuera de Asturies.

La generalización de la visibilidad ha sido una constante imparable durante estos años en el ámbito social de tal modo que hoy ya es frecuente conocer a jóvenes adolescentes para quienes este paso no resulta en absoluto difícil. Sin embargo esto no puede ocultar que sigue existiendo un lastre. No debe ser casualidad que todos los coordinadores de la asociación hasta hoy tengan una procedencia de fuera de Asturies.
Recuerdo las reuniones de los primeros meses. Cada semana nos juntábamos en los locales del Consejo de la Juventud en la calle Fuertes Acevedo y éramos capaces de desbordar la sala de reuniones. Más de treinta personas salíamos de allí con tareas concretas para la siguiente reunión que implicaban en la mayoría de las ocasiones presentarnos como miembros de XEGA: en los locales, a otras asociaciones, en las instituciones, a la gente de los partidos y sindicatos. La reunión se convertía en un ejercicio colectivo de visibilidad cuando íbamos en grupo a la calle del Rosal después de las reuniones. Allí fuimos dando una serie de pasos que no fueron en absoluto complicados porque vivíamos en una sociedad con elevado grado de madurez para comprender nuestras reivindicaciones. Recuerdo también que no existía internet y muy pronto el apartado de correos comenzó a recibir decenas de cartas de gente que nos pedía consejos y que deseaba encontrar por fin a sus iguales.
Con el paso del tiempo hemos teniendo testimonios de cómo aquellas primeras actividades sirvieron para dar fuerza a una chica de Avilés que estuvo en una charla en un Instituto en la que participamos, o un joven estudiante en La Pola Siero que iba a la biblioteca a ver si entre los papeles y revistas aparecía alguno de XEGA, el joven adolescente de Salas que vio por primera vez en la revista del CMPA un anuncio de XEGA. O la abuela que, años después, estuvo con su nieto en la sede de la asociación y nos contó su alegría cuando se enteró del nacimiento de XEGA pensando en las humillaciones que habían conocido algunas de sus amistades en la época de la dictadura. Podríamos hablar de varios miles de testimonios que nos cuentan la importancia que tuvo el simple hecho de saber que existía un grupo de personas con orientación gai y que realizaban una serie de actividades con la mayor normalidad del mundo.
También conocimos a algunas personas que ya no están aquí, a quienes la furia del VIH se llevó por delante. Todos esos testimonios, esas alegrías emocionantes y algunos sinsabores han ido forjando a lo largo de estos años un grupo que ha ido cambiando con el tiempo pero que, a la vez, se ha mantenido fiel a una serie de principios y que sigue teniendo por delante mucho camino que recorrer.

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