Qué tenemos

4 de febreru de 2013 DE 2013 • Rosario Hernández Catalán

Lo que nos queda para los próximos años es jodío y excitante por igual. El Estado-Capital ya no nos dará muchas más limosnillas alienantes, pues aquel cachito vergonzante que teníamos de Estado de Bienestar se esfuma casi antes de haber llegado. Por lo tanto papá Estado y el hermano violador Capital ya nos irán aportando cada vez menos. Se han dado cuenta de que, llegados a los niveles de imbecilidad a los que estábamos llegando, ya no hacía falta darnos más caramelos. Ahora del Estado ya sólo van quedando sus fuerzas de represión. Tan pública es la policia como la guardería. Público, contra lo que pueda parecer, no es "lo que pertenece al pueblo", como mucho ingenuo todavía cree, "público" es aquello que pertenece al Estado. Y el Estado le pertenece a unas élites. Nunca ha pertenecido y nunca pertenecerá al pueblo. Ni con elecciones cada mes, ni votando cada vez que te venga la regla.

La historia de la implantación del Estado en Europa nos demuestra que costó sandre, sudor y lágrimas. Que nuestras abuelas y abuelos lucharon por defender las tierras y los bienes comunes que poco a poco, a golpe de Inquisiciones, guerras y otras ingenierías sociales, el Estado y su hijo Capitalismo se fueron apropiando hasta dejarlos desnudos de estómago y alma. Omnia sunt communia! Gritaban. "Todo es común, todo es del pueblo": eso gritaban. No el miserable "no a los recortes" en el que estamos ahora.

Y ese Mega Estado que es Europa ya pretende reindustrializarnos, los cánticos vienen ya de Portugal, donde se están volviendo a abrir fábricas antes deslocalizadas en China. Porque ya la chusma portuguesa empieza a ser tan fácil de esclavizar con el trabaja asalariado como la chusma oriental. Porque con los recortes de "derechos" ya compensa más una maquila portuguesa que china, porque si echan cuentas del gasto en combustible que supone el fabricar tan lejos, la chusma europa ya empezamos a ser rentables. Porque eso somos, chusma. Ya Platón en el diálogo El Político decía que la política es “el cuidado voluntario de rebaños de seres voluntarios”. El segundo “voluntarios” es falso, ingenuo, inconsistente: los rebaños no deciden. La polítia es pastoreo, y ese es el pilar que vertebra al Estado. Que nos llamen súbditos, ciudadanas o trabajadores, es lo mismo, somos chusma. Desde sus despachos así nos ven.

No llegará la victoria, no seremos capaces de alcanzarla. Pero frente a gentes vendidas, alienadas, snobs, incapaces de relacionarse desde la fraternidad, frente a la clase política, tecnócrata y empresarial que ya no merecen considerarse hijos de esta Tierra, frente a toda esa bazofia, siempre habrá gente que se resiste. Esa es nuestra función.

Y ante todo esto, ¿qué estamos teniendo últimamente a nuestro favor que nos pueda ayudar a recobrar un tanto la dignidad?, ¿qué se puede olisquear en el ambiente que nos avisa de que podemos salir de la condición de borregas? Hay varios síntomas a nuestro favor:

Uno. El descrédito del parlamentarismo. Lo llaman ya el "Congreso de los Imputados". Buena señal. No para brindar todavía, porque en esa dinámica de berrar y patalear por los muchos corruptos que nos gobiernan podemos estar décadas. No obstante es bueno que la gente empiece a odiar el congreso. A ver en qué queda.

Dos. Hay menos infantilismo político. Es decir, cada vez menos gente joven se plantea el activismo o la militancia en espacios que no funcionen por asamblea. La toma de decisiones de la mayoría de los sindicatos y de todos los partidos, jerarquizada, piramidal, con juntas rectoras, etc. ya no se aguanta con la misma paciencia que, digamos, hace siete años. La asamblea ha irrumpido en el panorama político con mucha fuerza.

Tres. En esa misma línea, cada vez son más los proyectos autogestionados. Junto con el descrédito de parlamento, partidos y sindicatos jeraquizados, llega también el descrédito de las ONGS. Tengo 33 años, cuando era chavalilla lo único que teníamos era eso, partidos de izquierdas y unas cuantas ONGs buen rollistas, tontorronas y falaces. Esclavas de las subvenciones estatales hasta extremos de indignidad. Ahora no, ahora las opciones pasan cada vez más por los colectivos autogestionados y el apoyo mutuo.

Cuatro. El cada vez mayor descrédito de la idea de que en la gran ciudad se cumplen todos los sueños. Cada vez más gente joven está sabiendo que la gran urbe es un lobo para el ser humano. Y cada vez más mujeres y hombres ansían lo pequeño, lo sencillo, el contacto con la tierra. La biofilia vuelve a por sus fueros. El feísmo, el rollito pop urbano y callejero está dejando de ser referente estético. La Naturaleza y su taumatúrgica belleza vuelven a convertirse en la meta de mucha gente.

Se sueña y se ansía paisaje no para fines de semana, sino para vivir. El movimiento neorrural, las ecoaldeas y comunas en los pueblos cada vez son vistas con más respeto.

Con todo ello lo que nos queda es simplemente resisitir. No llegará la victoria, no seremos capaces de alcanzarla. Pero frente a gentes vendidas, alienadas, snobs, incapaces de relacionarse desde la fraternidad, frente a la clase política, tecnócrata y empresarial que ya no merecen considerarse hijos de esta Tierra, frente a toda esa bazofia, siempre habrá gente que se resiste. Esa es nuestra función. Luchar no tanto para ganarle la partida al Estado y al Capitalismo, porque a fecha de hoy es imposible vencer al monstruo, sino para resistir simplemente. Para que no se pueda decir que toda la especie humana ha sido aniquilada por la ingeniería social. Que se vea que hay y siempre habrá una reserva de humanos no borregos.