Que coca no es cocaína

17 de xineru de 2013 DE 2013 • Javier Arjona

Que coca no es cocaína, resulta una afirmación clara en el contexto
andino, pero bastante confusa en nuestra tierrina.
Si viajas por los Andes puedes encontrar muchas camisetas con ese lema.
Como también carteles que digan: “la Hoja de Coca: no es blanca, no es
negra, es verde". En alusión a que no es el polvo blanco que un alemán
logró sacar de las hojas milenarias, y ponerlas a la “maldición” de
occidente según el comentario premonitorio del jefe indio “Esta hoja será
la salvación del indio y la perdición del hombre blanco”, ni es la
cocacola símbolo del capitalismo, sino la “hoja sagrada” que quita el
hambre, alimenta por sus numerosos nutrientes, ha sido utilizada
ritualmente, alivia a los turistas en las alturas del Ande, y es utilizada
en el acullicu o masticado en cada reunión, sindical, cultural,
magisterial, de las colectividades de varios países latinoamericanos, y en
otras muchas culturas de pueblos indígenas.
Esta semana una enorme concentración de gentes en Cochabamba celebraba lo
que consideran un triunfo de la voluntad popular boliviana al ser aprobado
en la ONU el masticado de la hoja, que venía siendo penalizado desde 1961.
Una contradicción como tantas otras del entramado internacional: si la
reina de España, o el papa de Roma, como suelen decir en Bolivia, visitaba
los territorios andinos, les daban un mate (¿o más?) de coca para que las
alturas no les afectaran tanto. Y si en la colonia los españoles querían
que los indios trabajaran duro en las minas, fomentaban el cultivo de hoja
de coca, pero estaba expresamente perseguida fuera de Bolivia, o de
Perú.

Esta semana una enorme concentración de gentes en Cochabamba celebraba lo que consideran un triunfo de la voluntad popular boliviana al ser aprobado en la ONU el masticado de la hoja, que venía siendo penalizado desde 1961.

Por eso, cuando hace una veintena de años ya, trajimos algunas hojitas ( y
champú, y pasta de dientes, y galletas de coca) y en una charra en Luanco
entregábamos una a cada asistente, obteníamos el objetivo de la sorpresa
y susto, para entrar en materia, y comparar que así como aquí para acabar
con el aguardiente o el vino a nadie se le ocurre bombardear los cultivos
de vid, así tampoco era legítimo bombardear o fumigar con tóxicos los
cultivos de coca, para explicar la defensa de la hoja por parte de los
pobladores de Bolivia y Perú, en movilizaciones intensas, persistentes,
larguísimas, que fueron construyendo también el ideario que culminaría en
conjunción con “la guerra del agua” y la “guerra del gas” en el triunfo
popular de Evo Morales en 2005.
Un tema nacional, pues, que la ONU admite para Bolivia, porque su ofensiva
diplomática ha sido persistente y fuerte, pero que todavía no admite para
Perú, cuya diplomacia ha estado más floja en este tema porque casi
siempre sus presidentes han sido limeños, blancos, lejanos culturalmente a
la hojita sagrada que consumen los pobladores andinos.
Chajcheo en el Perú, mambeo en Colombia, coqueo en el Norte de la
Argentina o pijcheo en Bolivia son los términos conocidos del
acullicu, que 183 países del mundo aceptaron, y que 15 objetaron este 10
de enero (Estados Unidos, Reino Unido, Suecia, Italia, Canadá, Francia,
Alemania, Rusia, Holanda, Israel, Finlandia, Portugal, Irlanda, Japón y
México).
En la masiva concentración festiva de Cochabamba esta semana tenían
motivos de sobra para la alegría: “La hoja de coca ha acompañado a los pueblos indígena originarios desdehace 6.000 años antes, entonces nunca la hoja de coca fue utilizada para hacer daño a la gente, siempre fue utilizada como medicina”,
manifestaban.
La nueva Constitución boliviana estipula que: “El Estado protege a la coca originaria y ancestral como patrimonio cultural, recurso natural renovable de la biodiversidad de Bolivia, y como factor de cohesión social; en su estado natural no es estupefaciente. La revalorización, producción, comercialización e industrialización se regirá mediante la ley”.
Según una profecía andina la hoja de coca representa para los indígenas la fuerza, la vida, es un alimento espiritual que les permite entrar en contacto con sus divinidades "Apus, Achachilas, Tata Inti, Mama Quilla, Pachamama".
Hace años, en una de las celebraciones de aniversario del Ché en Bolivia, recogíamos en foto una imagen que interpretábamos como sincrética: mujeres indígenas con la manta de colores extendida en el suelo, compartiendo la hoja de coca, conversando, y en su camiseta la imagen del Ché. Todavía no había nacido el MAS, ni Evo era candidato a Presidente, pero como que ya se anunciaba una mixtura de temas que aquí nos parecen, todavía, lejanos y ajenos: la cultura andina, los pueblos originarios del Ande, con su hoja sagrada, y la celebración del Ché, en su lugar de combate y sacrificio en la Higuera y Vallegrande, como simbología de la
izquierda tradicional.
Parecería que, ahora, decenas de años después, nos correspondería reconocer, entender y apoyar, las energías desplegadas, los logros conseguidos, las “nacionalizaciones” llevadas a cabo así sean parciales, en el corazón de Latinoamérica, al calor y compañía de la hoja milenaria. Incluso con el grito exótico para nosotros, popular allá del

Jallalla la sagrada hoja.

Kausachum coca.