¿PODEMOS? NO DEBEMOS

27 de xineru de 2014 DE 2014 • Rafa Velasco

Cuando yo empecé a militar, en los momentos de apoyo a la revolución sandinista, había una canción de la Guitarra Armada, con Carlos Mejía Godoy, que le preguntaba, al comienzo de la misma, a una chica: “¿Usted creo que vamos a triunfar?”, y ella le contestaba: “Tenemos que triunfar”.
En la tesitura que nos toca vivir y con la que esta cayendo ya no tenemos todo el tiempo y, como decía aquel revolucionario ruso, “lo que hoy es temprano, mañana puede ser tarde”. Es básicamente por eso por lo que yo estoy viviendo con tanta ilusión los inicios de Podemos, y como me decía ayer Emilio León: “parez que tás viviendo una tercera juventud”. Y no es tampoco eso, pues los miedos y los escepticismos me siguen atenazando, y de momento no me dan para más que para ir algún que otro acto a escuchar y aprender de estas nuevas experiencias de lucha, para escribir estas líneas o para rebotar la iniciativas que me mandan mis amigos/as de Podemos, pero como se que eso no me pasa a mí sólo, me atrevo a poner negro sobre blanco alguna de mis opiniones sobre este tema, en forma de decálogo:

1.— El que esto escribe se sigue reclamando comunista, y si me pedís más, como leninista althuseriano, con desviaciones luxemburguistas (toma ya), y por lo tanto viene de una cultura política que compartiendo mucho con la gente de Podemos también le separan muchas cosas. Sobre todo de algunos/as le separan años de confrontación, de suspicacias y desconfianzas. Pero sí es cierto que llevó escribiendo hace mucho tiempo sobre la necesidad de frentes populares, de confluencias de las izquierdas, de todos/as aquellos/as que se oponen al régimen de cosas vigente, y si quiero ser coherente con ese discurso, no puedo poner por encima de todo lo que me separa de tanta y tanta gente que lucha y tengo que dar una oportunidad a la unidad. Por eso veo con ilusión el cambió del calendario político que ha marcado la presentación de Podemos.

2.— Decía Gramsci, creo (ya llegará algún experto para corregirme), que las sociedades sólo se plantean aquellos problemas que pueden resolver. Cuando hace casi tres años el 15M surgió y el PP obtuvo la mayoría absoluta, se repitieron dos discursos, machaconamente, que estos días he vuelto a oír. Primero: «Esto es lo que hay, la gente vota a la derecha y es que esta contenta con lo que esta pasando y va pasar, no hay nada que hacer». Segundo: «Que será esto del 15M, no tienen programa, no llegarán a ningún lado, sirven a oscuros intereses, etc.». Pues hoy, casi 3 años más tarde, la práctica social y política ha demostrado que no era verdad que la mayoría social aceptase resignadamente los problemas, aunque siga siendo una minoría la que se moviliza activamente; se ha demostrado que se pueden conseguir victorias (parar desahucios, ganar huelgas, como los/as trabajadores de la basura en Madrid, lo de Gamonal, etc.); y sobre todo que, según iban avanzando las luchas, a su calor y en su seno, se irían dando reflexiones propias de todos esos movimientos y actores sociales, que se plantearían dar un paso más en la política, porque sin la lucha política la lucha económica y la ideológica también, están encaminadas a quedar en nada. Podemos es un paso más en ese proceso, un paso más que surge de la necesidad de hacer senda en ese camino.

3.— Una vez más la historia demuestra que cuando se van cociendo los cambios sociales los viejos actores políticos, incluso los que siempre han sido oposición mayoritaria en el régimen o sistema en crisis, no suelen ser los que son capaces de capitalizar el descontento y la rebeldía para llevarlos al triunfo. Es bueno leer, para entender esto a Samir Amin. Pasó esto en la revolución francesa, donde los Lafayette y cia. fueron desbordados; igual ocurrió en Cádiz, cuando los jovellanistas también lo fueron; no menos ocurrió en los primeros años veinte del siglo pasado, cuando los/as bolcheviques desbordaron a la socialdemocracia clásica, que era la que se definía como marxista pura. Y lo mismo esta empezando a pasar ahora en ciertos países de Europa y comienza a pasar en España, cuando el grito de «¡No nos representan¡» va más allá de cuestionar a los dos partidos hegemónicos del sistema turnista del 78, sino que cuestiona, cada vez más, a la inmensa mayoría de las estructuras políticas generadas en los años de la Transición, desde la derecha más rancia y cavernícola a la izquierda más revolucionaria y consecuente. No entender esto, impide poder analizar un proceso como el que Podemos parece estar desencadenando.

4.— Durante estos años, de hartazgo y de derrota, en la izquierda social se había generado un cierto clima en el cual la lucha política se reservaba para la “izquierda del sistema” (PSOE-IU), a los que había que votar, en función de las coyunturas, pero que tenía como una especie de derecho divino a repartirse esa cuota de poder institucional. A “las otras izquierdas” se nos reservaba el papel de segundones en las ongs, asociaciones culturales, algo en las vecinales, cada vez menos en las sindicales, y como mucho, alguna vez se nos consultaba para que les ayudáramos a hacer el programa electoral, que luego ellos ejecutaría “fielmente” en función de sus intereses de casta, y decidirían en sus congresos, donde cada poco a un sector oficial sustituía un nuevo sector crítico, y a así se alimentaba la esperanza que desde dentro de ellas algo se podía cambiar. Y si alguno/a osábamos a militar en otras organizaciones de izquierda radical o revolucionaría, en seguida se nos negaba el “pan y la sal”, se nos acusaba de ser agente de no sé qué embajada, de dividir a la izquierda etc. ¿Os suena algo este discurso?, yo le he oído algo estos días. En ese terreno muchos/as se movían cómodos/as, unos/as, porque con cierta cuota de poder, teñida de izquierda, podía mantener ciertas redes clientelares y sentirse importante, y otros/as, porque aunque no lográbamos cambiar las cosas nos conformábamos con ser los más puros, incluso hasta los/as mas listos/as, y considerábamos a lo que nos rodeaba como “escoria social”.

El grito de «¡No nos representan¡» va más allá de cuestionar a los dos partidos hegemónicos del sistema turnista del 78, sino que cuestiona, cada vez más, a la inmensa mayoría de las estructuras políticas generadas en los años de la Transición, desde la derecha más rancia y cavernícola a la izquierda más revolucionaria y consecuente.

5.— Al calor de la crisis de régimen que ya nadie niega —creo que ni el rey lo hace— y sobre todo ante la debacle cada vez mayor del PSOE, en la izquierda política se consolidaron dos discursos que, a mi juicio, respondían más un voluntarismo que a otra cosa. Uno, el de la izquierda con presencia institucional, que venía decir «ahora es la nuestra, somos la única izquierda políticamente existente y con sólo estar un poquito más a la izquierda que el PSOE, no mucho para no olvidarse del centro, y teñir de tricolor, rojo y verde nuestros carteles, subiremos en las encuestas, luego en las elecciones y daremos el sorpasso que ni Carrillo ni Anguita lograron». No haría falta analizar más, ya hay movimientos como la PAH, el 15M, las movilizaciones obreras… que moverían el árbol y ya estarían ellos/as allí para recoger los frutos. Otro, el de la izquierda que siempre habíamos cuestionado lo existente, que habíamos acertado en que esto de la Unión Europea y el euro era una gran estafa, que sabíamos que el capitalismo lleva en su seno las crisis como las nubes el agua y la tendencia a la depauperación relativa del factor trabajo, en la medida que avanza, que por fin llegaba nuestra hora. Tampoco nosotros/as teníamos mucho que pensar, ya lo habían dicho todo los/as clásicos del marxismo, y como además se nos notaba en la mirada que éramos la vanguardia, con cuatro soflamas y consignas revolucionarias, la gente pondría la confianza en nosotros/as, el capitalismo se hundiría y llegaría el socialismo. Algunos/as me acusarán de ridiculizar el tema, y de hecho lo hago, para que se entienda, como entiendo yo que ambas posiciones eran equivocadas.

6.— Pero esas izquierdas políticas nos olvidamos de que la gente piensa con cabeza propia, que hoy la capacidad de interrelacionarse por redes sociales es inmensa, que hoy hay información y cauces de debates inmensamente potentes, que antes no había, y sobre todo, que la gente que lucha en el día a día llega un momento que necesita organización política y que si las organizaciones existentes no se lo dan cauces adecuados para ello buscaran otros, los inventarán o romperán con los vigentes. La ilusión que parece levantar Podemos es fruto, tanto de ese fracaso y frustración de lo existente, como de la potencialidad de lo que emerge.

7.— En todo ese proceso en los últimos tiempos también hubo, por un lado, intelectuales que vinieron reflexionando sobre la materia y dotando de instrumentos de análisis y pensamiento a muchos/as de esos/as jóvenes que se incorporaban a la lucha y, por otro lado, empezaron a generarse nuevos medios de comunicación alternativos, entre los que La Tuerka y Fort Apache son paradigmáticos, de la importancia de ir dotándose de instrumentos o aparatos ideológicos, de lo que ya hablaba el viejo Althusser, para generar conciencia y forzar los procesos históricos.

8.— Esos chicos/as eran muy majos, muy amables, muy interesantes mientras lanzaban discurso que aumentaba conciencia que luego se transformaría en votos para las organizaciones existentes. “Ah, carayo”, que decía el gallego, pero cuando dijeron ya está bien de que nos mareéis con reuniones para supuestas refundaciones de la izquierda, que sólo pretenden fichar alguno de nosotros/as para recuperarlo para el régimen, que sólo pretenden tener una nueva cara que vender (ahora critican a las estrellas mediáticas los que llevan utilizando el sistema de los firma-manifiestos e independientes desde hace decenios), y dijeron «esto tiene que ir por otro lado». Entonces empezaron de nuevo los insultos, las descalificaciones, la vieja política, del “conmigo o contra mí”.

9.— Llegado este momento entiendo perfectamente la necesidad de que algo como Podemos este empezando a surgir, la gente necesita instrumentos y sobre todo necesita ilusión, y sólo algo nuevo puede lograrlo. Eso sí, en ese algo nuevo habrá gran parte de lo viejo, no puede ser de otra manera, las luchas de todos esos sujetos de los que hablaba antes han sido también buenas en muchos aspectos, pero deberán ser personas nuevas, menos marcadas por el pasado, con nuevos métodos y nuevos estilos, y sobre todo talantes (Zapatero me perdone), los/as que podrán hacer creíbles nuevos proyectos. En cualquier caso, esos proyectos deberán ser plurales, porque las clases populares interesadas objetivamente en cambiar la realidad existente lo son y, o se cuida como niña de los ojos esa pluralidad o se volverá a generar nueva frustración. No soy un ingenuo y pienso que eso nuevo será siempre armónico; será como todo, dialéctico y contradictorio, habrá luchas, habrá hasta enfrentamientos, pero es una necesidad que logremos encauzar esa pluralidad y diversidad, y también esa lucha legítima por la hegemonía de posiciones, en algo más amplio, llamémosle Frente Amplio, Frente Popular o como cada uno le pete, pues sólo de esa unidad podremos de momento parar el golpe del enemigo, empezar a darle golpes políticos y más pronto que tarde abrir brechas que traigan nuevos sistemas de organización política y social, eso que algunos/as seguimos llamando republica y socialismo, otros/as anarquía y otros a lo mejor justicia social, dignidad, igualdad, libertad y fraternidad.

10.— Causa extrañeza que quien acusa a los/as promotores/as de Podemos de ir de lideres carismáticos, a la par digan que cómo es que no nos plantean un programa cocinado. Podemos ha sido de momento, a mi juicio, un aldabonazo y un preparar la cocina para cocinar entre todos/as algo distinto. Esperemos que unos aportemos los vegetales, otros las hortalizas, algunos/as la carne, otros/as el pescado y, por qué no, los postres, y a ver si así podemos generar algo que guste, que alimente y vigorice las luchas que se siguen dando. Eso aún esta muy lejos, pero por algún lado había que empezar, y sin duda si no se hubiera empezado así, provocando el escándalo de que un “mierda” (en el concepto de mierda de Jorge Vestringe), como Pablo Iglesias, se atreviese, con cuatro “mierdas” más, a dar un golpe de efecto, a ser una chispa en algo que comenzaba a estar maduro, quizás hoy no estaría toda la izquierda organizada hablando de lo que esta hablando. A mí no me gustan los liderazgos personales carismáticos, pero entiendo que a veces ayudan, si sirven para organizar a la gente de abajo a los sectores populares (así lo fue el de Allende, el de Fidel… y que ningún malediciente piense que yo comparó a Pablo con aquellos gigantes). Eso sí, sino se dan pasos más de organización y propuesta política el suflé se puede hundir, ese será el momento de la prueba del algodón para ver hacia donde va esto, y ver si se pueden articular mecanismos políticos adecuados para garantizando democracia y participación puedan trascender a las meras asambleas de debate donde los/as lideres suelen llevarse al gato al agua. Exigirle más a Podemos que a las organizaciones a las que hemos votado o pensábamos votar o hemos militado, hasta el momento, resultaría de un cinismo repugnante. ¿Miedos?, por mi parte todos los del mundo: no me fío de gente de ciertas organizaciones políticas, que aún nos siguen llamando “sectas estalinistas” a los que venimos de otras y que tienen peso en los embriones organizativos de Podemos; me fío menos aún de los friquis, rencorosos y sectarios que podemos aglutinarnos y prostituir con nuestras cuitas, por enésima vez, una iniciativa ilusionante; pánico a las palabras bonitas que sólo sean eso más que a una serpiente en mi cama. Por eso, de momento me conformó con seguir escuchando, con ofrecerme para aportar cosas al programa y las ideas, para si al final van a las elecciones, pegar carteles, rebotar de todo por Internet, convencer a mi pareja y a mi madre y al que me echa la sidra en mi barrio, para que voten a quien al final componga la candidatura, etc. Y si esto avanza y se consolida, el día de mañana, que espero que llegue, aportar como uno más, eso sí, discutidor hasta el hartazgo, a un proyecto, espero que con muchos/as comunistas, siendo cola de león y nunca más cabeza de ratón.

Creo que muchos/as estamos en esta tesitura y espero que, a diferencia de Hilario Camacho, «no volvamos a jugar a ganar y volvamos a perder», y si lo volvemos hacer, que sea porque nos derroten, no porque fracasemos.