Pequeño y libertario

26 de payares de 2012 DE 2012 • Rosario Hernández Catalán

El psiquiatra Robert Hare es la autoridad académica mundial en psicópatas. En una de sus investigaciones resume así la personalidad psicópata: aunque las manipulan y las estudian psicológicamente, los psicópatas son incapaces de ponerse emocionalmente en el lugar de otras personas. Siempre buscan novedades que les exciten y suelen ser coleccionistas de todo tipo de cachivaches. Además, conciben a las personas como objetos, son irresponsables, incapaces de planear el futuro y no conocen el remordimiento. También se comprobó que ante imágenes de violaciones su región límbica no se activa, es decir, su cerebro emocional percibe aberraciones como quien percibe una mesa.
Mis dudas: ¿a las personas normales se nos relaja el sistema límbico de tanto exponerlo a imágenes violentas?, ¿demasiada exposición a estas imágenes puede generar pequeñas dosis de psicopatía?
En los últimos años la gente en general años nos hemos ido acercando cada vez más a ese perfil de psicópata, por ello no es extraño entonces que hayamos votado, que sigamos votando, a políticos que dan el perfil completo desarrollado por Hare: a saber, son coleccionistas de objetos de lujo, les encanta la novedad y la inversión en nuevas maquinitas y auditorios, son irresponsables incapaces de pensar en un futuro que vaya más allá de cuatro años, están inmunizados al dolor y arrasan vidas por negocios farmacéuticos, petrolíferos, armamentísticos, energéticos… ven por tanto a las personas y a la Naturaleza como números, como objetos de los que obtener beneficio, y, por todo ello, no sienten remordimientos. Evidente, claro, diáfano. Irrefutable. Un calco los unos de los otros. Definición de todas las élites que en el mundo han sido.
Pero por desgracia hemos de añadir más complejidad al asunto, afinar más nuestro bisturí, pues sucede que estos políticos que cumplen a rajatabla el perfil psicopático, seguramente son buenos maridos, buenas madres, buenos hermanos, buenas vecinos. Son psicópatas en el ejercicio de su cargo público, no las 24 horas del día. No les viene en los genes. Ojalá fuera tan sencillo como pensar que toda élite es igual al asesino psicópata de Seven. No fuera mala esa claridad de ideas. No fuera mal porque la madeja de la realidad es siempre más jodida de desembrollar. Porque el mal psicopático de las élites políticas emerge en el ejercicio de la delegación, de la representación política, de la pirámide megamáquina que es todo Estado que en el mundo ha sido. Y por más bella que sea la intención de una mujer o un hombre de partido, en el momento en que sirve o se sirve de la megamáquina estatal acabará por hacer psicopatía.
Es el despacho allá arriba, la cosificación numérica de la vida impuesta por este perro sistema lo que hace que el psicópata político (una redundancia) ya no empatice con las gentes mutiladas, canceradas, emigradas, explotadas y deprimidas. Es que ni siquiera las ve. No puede, no debe, no quiere. El exceso de mediaciones y delegaciones y la pérdida de la inmediatez psicopatiza. Por eso el la autosuficiencia, la autogestión y el convivencialismo en aldeas autogobernables es una forma de evitar es gigantesco mal que lleva afectando a nuestra especie desde demasiado tiempo. Por eso lo pequeño y libertario es hermoso, porque es la única forma de combatir a la psicópata-política.