Nicaragua: vivir en tiempos revolucionarios (2/3)

La vida en la Nicaragua sandinista tras el triunfo de la revolución

15 de payares de 2012 DE 2012 • Javier Arjona

El 19 de julio de 1979 triunfó la revolución popular sandinista que acabó con la larguísima dictadura de los Somoza y dio paso a transformaciones de calado en la vida de los nicaragüenses, con una campaña de alfabetización memorable, algunas entregas de tierras a cooperativas de campesinos, y el trasvase de una parte de la inmensa riqueza de la familia Somoza al naciente estado nacional.

Nicaragua, Nicaragüita,
La flor más linda de mi querer.

(hermanos Mejía Godoy)

En memoria de Montse, Xuacu y Marvin.

Si todo es corazón y rienda suelta
y en las caras hay luz de mediodía,
si en una selva de armas juegan niños
y cada calle la gano la vida.

Julio Cortazar: Nicaragua tan violentamente dulce.

La sandinista, que fue considerada una revolución de las "buenas" por la presencia de mucha fuerza cristiana, con tres ministros sacerdotes, por la ausencia de pena de muerte, por el gran poyo popular interno, y por la no alineación en los bloques de la época, pasó rápidamente a ser atacada por los Estados Unidos, y "desatendida" por Europa con la honrosa excepción de Suecia, gestándose una tremenda guerra de agresión que afectó no sólo a las vidas de miles de nicas y a la escasa infraestructura del país, sino al conjunto de las naciones centroamericanas, en especial Honduras y Costa Rica, usadas como portaaviones por las fuerzas mercenarias financiadas por USA.

Frente a ello, el movimiento sandinista logró articular una movilización popular entregando armas a todo el pueblo, y derrotar militarmente a "la contra" en todos y cada uno de los combates, quedando en ridículo Estados Unidos por no poder conseguir ni una sola "cabeza de playa" en la que instaurar un gobierno adverso, y siendo condenado en los tribunales internacionales por el minado y destrucción de los puertos, especialmente el de Corinto.

Sin embargo la victoria militar sandinista sólo se tradujo en una victoria electoral, en 1984, y en una derrota en 1990 cuando todas las fuerzas dispersas de la derecha se juntaron en la UNO y contra todo pronóstico sacaron más votos que los sandinistas, que se retiraron en un gesto sin precedentes en otras experiencias revolucionarias, a transcurridos tan pocos años de la insurgencia.

Lo que vino después, en los tres gobiernos posteriores de Chamorro, Alemán y Bolaños, ha sido el desmantelamiento de todos los logros populares, la venta de las escasas infraestructuras públicas, y la devolución de algunas tierras (allí donde no hubo suficiente resistencia organizada) a los ricachones liberales, y un estado de corrupción visualizado en el aumento de la riqueza personal de Alemán en siete veces tras el huracán Mitch gracias a la apropiación de las ayudas humanitarias venidas de fuera... dando por resultado un aumento espectacular de la pobreza, la imposibilidad de la mayoría de la población a acceder a un mínimo de salud o educación, un crecimiento de la desigualdad hasta extremos intolerables, y el descenso en picado del país para ocupar los últimos puestos en desarrollo humano...

Hace unos años recordaba en Avilés el insigne poeta y ministro de Cultura sandinista Ernesto Cardenal los logros y los pecados de la revolución nicaragüense, señalando sin pelos en la lengua también los graves defectos de algunos dirigentes, que sin duda han tenido decisiva influencia en los acontecimientos, y en la imposibilidad de recuperar el poder por las urnas, hasta el cuarto intento, a pesar de seguir siendo el sandinista el principal partido de Nicaragua.

Y fueron centenares las personas que desde Asturies viajaron, laboraron, participaron en brigadas en aquella época fértil y creativa de la década sandinista, que iluminó las esperanzas en todo el continente americano, pero que no pudo preservarse, por diferentes circunstancias, de entre las cuales la de mayor peso es sin duda ninguna la feroz arremetida militar y el bloqueo económico del gobierno Reagan, el mayor asesino de nicaragüenses de una historia plagada de intervenciones armadas norteamericanas.

Cuando se celebraron en Asturies numerosas actividades de recuerdo y reivindicación de la figura del cura de la cuenca minera, Gaspar García Laviana, muerto en combate contra la dictadura somocista, se pudo también reflexionar, desde distintas ópticas, sobre ese periodo histórico, sobre el actual gobierno de coalición (entre sandinistas, representados por Ortega en la presidencia, y antiguos "contras", representados por el vicepresidente del país), y sobre lo que queda de la Revolución en los tiempos presentes.

Ninguna de esas reflexiones admite simplificaciones, mucho más si se tiene en cuenta en qué posición discrepante o contradictoria se sitúan hoy día los protagonistas de la gesta heroica de la Revolución: la mayoría de los intelectuales y artistas, en el campo de la renovación sandinista o en posiciones de distanciamiento ético. Pero que habían jugado un papel central y certero antes y después de la Revolución, en un país de tan fecunda imaginación y proliferación de poetas, muchos de los cuales escribieron sus mejores obras con la ofrenda de sus Vidas combatiendo al somocismo.

Los comandantes, de los que casi ninguno pervive apoyando al actual gobierno, sólo uno de la dirección nacional (unión de las tres tendencias del sandinismo, a la muerte de su líder máximo Carlos Fonseca) ostenta la presidencia, otro, el más histórico de los vivos, se le alejó a una embajada a Perú, y murió hace pocas semanas, y otro preside la Asamblea Nacional, pero el resto discrepan y militan en partidos distintos, como el Movimiento al Rescate del sandinismo.

Y sin embargo cada 19 de julio La Plaza vuelve a llenarse, de cientos de miles de personas, en una movilización que ninguna fuerza consigue en Nicaragua, y en una proporción sobre el número de habitantes nicaragüenses que posiblemente solo igualan en la Habana los Primeros de mayo.

Y el gobierno de alianza y reconciliación, ambiguo en sus cometidos, señalado como amigo de los díscolos del continente, integrante del ALBA. acogedor de líderes indígenas amazónicos perseguidos en Perú, o de activistas bombardeadas en Ecuador por el ejercito colombiano, practica una política contradictoria, donde a las grandes familias adineradas, como los Pellas, les va más que bien, les va mejor que nunca, las relaciones con Taiwán suponen una contradicción aparente con el resto de relaciones estratégicas, y la negociación con el FMI o el sometimiento a las presiones descaradas del gobierno español para "proteger" los intereses de Unión Fenosa, contrastan con un lenguaje "integracionista" y con algunas medidas sociales tal vez demasiado paternalistas sustentadas precisamente en los apoyos indudables que provienen de los recursos energéticos proporcionados por sus aliados venezolanos o de los médicos y alfabetizadores provenientes de una Isla caribeña.

“El triunfo del pueblo y del FSLN, contra la dictadura somocista el 19 de Julio de 1979 fue posible por la participación organizada y consciente de mujeres y hombres del pueblo. El 19 de Julio fue el resultante histórico de resistencias pasadas y el peso del acumulado histórico de las luchas populares”. Escribe la comandante Mónica Baltodano en sus Memorias de la Lucha Sandinista.

“Nicaragua, lo han repetido hasta la saciedad, es un volcán; un istmo al aire incandescente; el lugar que se convierte en tópico. Nicaragua es la manera más próxima de superar la rabiosa profecía bolivariana ("Nunca seremos dichosos") o de entender de una vez por todas que la causa de América Latina es, sobre todo, una causa de justicia social que responde con la equidad a la pregunta escéptica y sonriente de tantos interrogadores ’primermundistas’,” decía Luis Alfonso Iglesias Huelga, en la introducción del libro de poemas dedicado a Gaspar García Laviana (Cuenca del Nalón, 1986), El Fusil de la Ternura.

El fundador del FSLN, Carlos Fonseca, en su texto "¡Viva Sandino!", señala la reivindicación histórica donde se apela a la lucha por la independencia y soberanía de Nicaragua y Centroamérica, un país que siempre ha tenido una enorme dependencia de Norteamérica, con permanentes ocupaciones militares y de filibusteros, en la época de la fiebre del oro, y el tránsito por el istmo centroamericano para llegar al Oeste, como en el caso de la invasión de W. Walker, que se proclamó presidente de Nicaragua.

Gaspar.

Un buen día nos llegó a tiempo completo Gaspar,
de Asturias el misionero que araba sobre el mar
.
Dice la canción de Carlos Mejía Godoy.

Con la afirmación de que “la realidad solo la llega a conocer el que trata de cambiarla”, se puede explicar la transformación del cura Gaspar García Laviana, y otros muchos sacerdotes, al chocar de frente con la tremenda realidad nicaragüense, de pobreza y de dictadura somocista.

Lo que pasó en Nicaragua, tras Gaspar, ha sido el triunfo de una de las Revoluciones más fecundas del mundo, luminosas, esperanzadoras, heroicas, increíble a tan pocos kilómetros del monstruo, que , enseguida, bajo la presidencia de Reagan, la sometió a la más atroz de las agresiones bélicas y económicas.

Reproducir el pensamiento de Sandino con ocasión de cualquier aniversario del triunfo de la insurrección popular sandinista el 19 de julio, un pensamiento latinoamericanista, antiimperialista, vivo, pese a la pobreza y carácter campesino del ejercito nacionalista de los años 30…pero que consiguió derrotar y expulsar temporalmente a los invasores yanquis, es una necesidad y una posible contradicción con el actuar del actual ejecutivo, centralizado en una alianza estrecha entre Iglesia, y familia presidencial.

Ahora que hay tantos cambios por los que luchar, tantas resistencias que hacer, tantas causas nobles por las que combatir, es momento de desentrañar y desplegar las banderas, los valores e ideales de aquellos, que lo dieron todo por la justicia y la libertad.

Dice Mónica Baltodano al presentar sus Memorias de la Lucha Sandinista, y ponerlas a disposición de todas nosotras.