Mareas y confluencias

4 de marzu de 2013 DE 2013 • Diego Díaz

Algo está pasando en el sur de Europa; en Italia, el formidable resultado electoral del Movimiento 5 Estrellas, un 25% de los votos para una plataforma que combina exigencias de democracia radical y lucha contra la corrupción, propuestas del ecologismo social (no al TAV, fomento del transporte público, la energías renovables y la producción ecológica y local de alimentos) con ideas de la izquierda de toda la vida (reducción de la jornada laboral, servicios públicos y de calidad, aumento de las prestaciones sociales por desempleo); en Grecia, nueva huelga general y Syriza liderando las encuestas; en Portugal, la irrupción del movimiento “¡Qué se joda la troika!”, capaz de sacar a la calle a cientos de miles de personas; en España, la entrada en el Parlamento de la ILP de la PAH por la dación en pago retroactiva y el alquiler social, y las multitudinarias manifestaciones del pasado 23 de febrero en decenas de ciudades han venido a demostrar que el post15M no sólo está vivito y coleando, sino que ha comenzado a expandirse al ámbito que hasta ahora constituía nuestro talón de Aquiles: el mundo del trabajo. Las mareas de trabajadores y trabajadoras de la administración, del sistema educativo y sanitario son a día de hoy la vanguardia de una nueva forma de entender el sindicalismo, de momento circunscrita al sector público, unitaria, asamblearia y abierta al conjunto de la sociedad, que las grandes (y las pequeñas) cúpulas sindicales no deberían ver con cortedad de miras, como una amenaza a sus posiciones, como la enésima conspiración judeo masónica pequeñoburguesa contra los sindicatos, sino como una oportunidad para amplificar las protestas, superando las divisiones sindicales y profesionales e interpelando al conjunto de la ciudadanía a hacer suyas sus reivindicaciones. ¡Qué abismo entre la indiferencia (o el cabreo) de la mayoría de la sociedad asturiana hacia la pasada huelga médica, de objetivos puramente gremialistas, y el chorro de simpatía popular despertado por la marea blanca de la sanidad pública madrileña! Necesitamos más mareas y más vivas, y sobre todo necesitamos una gran marea de parados y paradas que inunde las calles por el reparto del empleo, el derecho a la renta básica y a otro modelo productivo, ecológico y social. El trabajo basura de Eurovegas, la mina de oro de Salave o la incineradora de Serín, no puede ser nuestro futuro. El nacimiento de la Coordinadora de Parados y Paradas de Asturies es en ese sentido una noticia positiva, como lo es también la campaña “No nos vamos, nos echan” del colectivo madrileño Juventud sin Futuro, que llama a una movilización contra el exilio forzoso el 7 de septiembre.

¡Qué abismo entre la indiferencia (o el cabreo) de la mayoría de la sociedad asturiana hacia la pasada huelga médica, de objetivos puramente gremialistas, y el chorro de simpatía popular despertado por la marea blanca de la sanidad pública madrileña!

Explorar estas nuevas formas de hacer política más participativas, más transversales, más inclusivas que están surgiendo al calor de la crisis, no supone que las organizaciones políticas y sociales tengan que hacerse el harakiri. Pero es el momento de dar uno o dos pasos atrás y aprender a compartir el protagonismo con otras gentes que se están incorporando a la pelea en estos momentos, y que nos traen otro lenguaje, otras palabras, otras formas de organizarse y sobre todo, otras energías y otra ilusión. Nada nos puede hacer más daño en este momento de acumulación de fuerzas que aferrarnos a identidades duras, simbologías excluyentes y discursos autistas. Si de verdad queremos devolverles el golpe a las élites político económicas de este continente y empezar a cambiar las cosas, propiciar la confluencia de las organizaciones veteranas y los nuevos movimientos, no es una opción, sino una obligación.