Las ganas no me faltan

29 de payares de 2012 DE 2012 • Rafa Palacios

Saldré a la calle a cuestionarlo todo. Me enfrentaré a esta sociedad fruto de siglos de construcciones, aculturización, sometimientos, imposiciones y mentiras. Voy a saltar todas las barreras y cruzar todas las fronteras. Se acabaron para mí lógicas y esquemas binarios. Se acabó vivir la vida que diseñaron para mí. Derribaré todos los muros. Seré raro, anormal, extraño, diferente. Seré yo, y no yo, y vosotras, y ellos… y también nosotras.
Tengo la fuerza suficiente para que mis palabras puedan “producir efectos”, enfrentar tiranías, cuestionar identidades o provocar nuevos desafíos (Sedgwick, 2002: 41). Me siento capaz de crear “posiciones”, de influir en los debates, de generar algunos nuevos.
Hoy voy a ser incoherente, discontinuo, inacabada, inconcluso, variable, subjetiva, impredecible, indeterminado, diversa. Militaré fuera de la norma y los esquemas. Nada en mí será “natural”. Hoy celebro el funeral de los estereotipos, la biología y el esencialismo. Mi sexo, mi género, mi orientación sexual, mi sexualidad… todo ello y a la vez, será un jeroglífico indescifrable. Pura variabilidad. La sorpresa permanente. Mi propia representación. Hoy la “performance” la diseño yo.
Se acabó representar una vez tras otra sus normas. Se acabó ser el actor que no quiero ser en una obra que no pedí que escribieran para mí. Hoy voy a representar mi “identidad construida” de una forma “subversiva”. Romperé el género que marcaron en mi piel e imprimieron en mi carnet de identidad. Nada me lo impide. No hay ni naturaleza, ni lenguaje, ni símbolos, ni patriarcado que sean capaces de imponérmelo. Buscaré todas “las diferentes maneras posibles de repetición” para encontrar todas las “posibilidades de transformar” mi “género”. (Butler, 1998: 297 y 314).
Sé a lo que me arriesgo. Nada de lo que voy a hacer va a salirme gratis. Tengo perfectamente claro que quienes “no hacen bien su distinción de género son castigados” con regularidad. No me importa. Quiero salir a la calle y compartir mis sentimientos. Quiero tener plena conciencia de que “mi dolor, o mi silencio, o mi cólera, o mi percepción, no son finalmente sólo mías”. Quiero sentir que estoy en “una situación cultural compartida que me permite entonces habilitarme y potenciarme en vías insospechadas”. Tener plena conciencia de mi fuerza, de nuestra fuerza. (Butler, 1998: 301).
El riesgo a la descalificación, al insulto, al desprecio y a la humillación está presente en cada propuesta intelectual, política o social que cuestione el sistema. Intentarán llenar de suciedad y de oscuridad cada una de mis acciones subversivas que se enfrenten a su heteronormatividad impuesta y a su sometimiento patriarcal. (Sedgwick, 2002: 48-49).
Si quiero enfrentarme a este sistema encubierto de coacción heterosexual que se reproduce de forma permanente, debo comenzar por denunciar la tecnología social que emplea: cultivar “los cuerpos en sexos distintos, con apariencias naturales y disposiciones heterosexuales naturales”. Debo hacerlo cuestionando los “estilos corporales” que “aparecen como la configuración natural de los cuerpos en sexos que existen en una relación binaria y mutua”. (Butler, 1998: 303-305).
Yo, desde mi libertad individual y mi responsabilidad colectiva, recorriendo con mis palabras estos folios en blanco, declaro asumir con todas sus consecuencias “el fin de la naturaleza como orden que legitima la sujeción de unos cuerpos a otros”. A partir de este mismo momento me reconozco y os reconozco como “cuerpos hablantes” y renuncio a cualquier tipo de beneficio que me correspondiera por mis pasadas “prácticas significantes” (Preciado, 2011: 12-13).
Sé por dónde empezar. Lo haré por el “centro de tantos placeres llamativos, de identidades desordenadas y de tan profundos enfrentamientos, imprecisiones y desengaños”. Por algo que tiene un enorme “peso figurativo en las argumentaciones sobre la estructura del trabajo y de la vida intelectuales”. Comenzaré por la sexualidad. (Sedgwick, 2002: 52).
A través de la producción sistemática de placeres y deseos encubiertos bajo un manto de predisposición natural, mucho más allá de prohibiciones o actuaciones represivas, han construido sexos e identidades sexuales estableciendo férreos controles de la sexualidad a través de la imposición de su marco dicotómico de “saber-placer”. La característica más “sofisticada” de esta “tecnología productiva” es su capacidad para “presentarse a sí misma como <>”. (Preciado, 2011: 145 y 157).
Quiero que quede claro desde el primer momento: Me niego a aceptar la identificación de los “órganos reproductivos como órganos sexuales”. Considero la totalidad de mi cuerpo como sexualizado. Considero todas y cada una de sus partes como “órganos sexuales”. Me opongo y denuncio la pretendida utilización del “sexo (como órgano y práctica)” como “tecnología de dominación heterosexual”. Me propongo “invertir y derivar” las “prácticas de producción de la identidad sexual” diseñadas desde la “tecnología social” heterosexual. Reivindico el derecho que tiene todo “cuerpo hablante” a la pérdida de energía corporal en prácticas sexuales que no procrean, como la masturbación o la homosexualidad, negándose al “trabajo de producción o de reproducción sexual”. (Preciado, 2011: 14-22, 34 y 104).
Rechazo de forma radical la posibilidad de que ningún órgano elegido de forma arbitraria tenga la capacidad de establecer la “diferencia sexual y de género”. Para mí se acabaron los “sexos gonádicos, binarios” o “diferenciados”. No voy a mantener ningún tipo de distinción entre sexo y género que busca perpetuar falsos estereotipos que identifican hombre con cultura, tecnología y aparatos tecnológicos, y mujer con naturaleza y disponibilidad sexual. (Preciado, 2011: 68, 82 y 115).
¿Qué se quiere esconder detrás de lo que se denomina “asignación de sexo”? ¿Qué quiere significar realmente la pregunta falsamente inocente “¿es niño o niña?” dentro del discurso heterocentrado? ¿Qué define lo que se conoce como “identidad sexual”? ¿Son datos biológicos? ¿Son técnicas visuales, discursivas o quirúrgicas? ¿Qué les permite afirmar que un cuerpo es varón o hembra? ¿Es posible que un solo órgano sexual escogido de forma arbitraria construya la totalidad de un cuerpo definido como “humano”? ¿Es posible que unos órganos sexuales que permiten la “reproducción sexual de la especie” puedan tener la capacidad de “producir” la “coherencia del cuerpo” y definirlo como “humano”?
La respuesta a todas y cada una de estas preguntas descubre y muestra con total claridad el modelo de construcción del género y la forma de “hacer cuerpos” que utiliza la “tecnología (hetero)sexual”: Son “la visión y la representación” quienes ejercen el papel de “creadores de verdad” en el proceso de “asignación del sexo”. Es la “visión” quien “hace la diferencia sexual”. No hay ciencia sino estética. No hay lugar para ambigüedades sexuales ni para la visualización de cuerpos fuera de un “sistema de representación sexual heterocentrado” desde el mismo momento del nacimiento. El cuerpo intersexual se ordena de forma visual y no cromosómica. Todo cuerpo, obligatoriamente, debe poder ser incluido en uno de los dos “sexos/géneros” en un “marco oposicional excluyente”. Se debe elegir únicamente y de manera obligatoria entre dos variables, masculina o femenina. (Preciado, 2011: 116-127).
No me falta nada. Mi cuerpo es un territorio por el que cruzan órganos múltiples e identidades diversas.
Cuando nací, juntito y de una vez, me asignaron sexo, género e identidad sexual.
Todo me sobra.
Las ganas no me faltan.

*Este texto es un extracto alterado y modificado del ensayo breve “Estoy Mujer” del mismo autor.

BIBLIOGRAFÍA

  • Preciado, Beatriz (2011). Manifiesto contrasexual. Trad. Julio Díaz y Carolina Meloni, Barcelona, Anagrama, Colección Argumentos.
  • Sedgwick, Eve Kosofsky. 2002. “A(queer) y ahora”. En: Sexualidades Transgresoras: una antología de estudios queer, Mérida Jiménez, Rafael M., ed. Barcelona, Icaria, 29-54.
  • Butler, Judith. 1998. “Actos performativos y constitución de género: un ensayo sobre fenomenología y teoría feminista”, Marie Lourties, trad. Debate feminista. 9. 18: 296-314.