La primera victoria de un tiempo nuevo

15 de marzu de 2013 DE 2013 • Diego Díaz

La sentencia del Tribunal Europeo de Justicia contra ley hipotecaria española supone el primer éxito rotundo de los movimientos sociales en el periodo post15M. El primer revés serio que sufren el Gobierno de Rajoy y el capitalismo inmobiliario español. Si la presión social ya logró que se admitiera a trámite una Iniciativa Legislativa Popular de la que un Gobierno más preocupado por proteger la fiesta taurina que a las personas desahuciadas, quería deshacerse lo antes posible –en 35 años de democracia sólo una ILP ha logrado ser aprobada- ahora sí o sí tendrá que modificar la legislación. ¿Cuánto? No lo sabemos. Todo dependerá de la capacidad de movilización que tengamos, pero todo apunta a que cada semana que pasa el coste político para Rajoy por oponerse a la ILP va a seguir aumentando.

La PAH es radical hasta la médula en su oposición a las leyes del mercado y a sus legisladores, recurriendo a la acción directa para frenar los desalojos, a las ocupaciones o a escrachar a los diputados cuando hace falta, pero también tiene la suficiente flexibilidad táctica como para negociar con los bancos cuando es posible,

La PAH, nacida en 2009 Barcelona, pero que tomó un gran impulso a partir del 15M y de la llegada de cientos de activistas procedentes de las plazas, muestra lo fundamentales que son las batallas concretas en torno a objetivos específicos, asumibles por amplias mayorías, y cuya realización resulte factible en un corto-medio plazo a la hora de lograr una movilización eficaz y exitosa, de generar consensos y opinión pública. ¿No fueron eso la lucha por la jornada de 8 horas, el voto de las mujeres, las movilizaciones por los derechos civiles de las minorías o la insumisión al servicio militar? La PAH debería de ser a día de hoy un modelo para los movimientos sociales que quieran cambiar esto. Es radical hasta la médula en su oposición a las leyes del mercado y a sus legisladores, recurriendo a la acción directa para frenar los desalojos, a las ocupaciones o escrachar a los diputados cuando hace falta, pero también tiene la suficiente flexibilidad táctica como para negociar con los bancos cuando es posible, para abrir un consultorio sobre hipotecas en la revista Pronto o para colaborar con los grandes sindicatos en la recogida de firmas de la ILP.

Me gustaría creer que la sentencia europea es la primera victoria de un tiempo nuevo en el que resultará inconcebible pensar que los causantes de la crisis expulsasen impunemente de sus casas a la gente y en el que las personas muertas por desahucios serán recordadas como mártires del capitalismo inmobiliario español.