La (im)posible paz en el país "más feliz del mundo"

Finaliza sin avances significativos la primera ronda de diálogo entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC

4 de febreru de 2013 DE 2013 • Glayiu

El mundo asiste a una nueva tentativa de diálogos por la paz entre la mayor de las guerrillas que operan en Colombia, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC-EP, y el Estado colombiano. Primero en Oslo y posteriormente en La Habana se han sentado en la misma mesa representantes de un gobierno que desarrolla el operativo contrainsurgente más elaborado y mejor financiado del mundo, y la fuerza guerrillera que más años lleva en las montañas del país caribeño. Sobre la mesa no figuran como puntos a debatir ninguno de los verdaderos motivos que llevaron a los campesinos de Marquetalia a echarse al monte hace más de 50 años. Hablando con propiedad, más que un proceso de paz se trata de una negociación por la desmovilización de los guerrilleros. Mientras tanto, la violencia estructural sigue sacudiendo el país y cobrándose por miles las vidas de la sociedad civil. Sindicalistas, políticos de izquierda, educadores, defensores de los derechos humanos y activistas sociales engrosan cada día la nómina de los asesinados por el paramilitarismo que le hace el trabajo sucio al Estado. Por inverosímil que parezca, se dice que "en Colombia es más fácil montar una guerrilla que un sindicato".

En una tarde lluviosa muy cantábrica, quedamos para charlar sobre el nuevo proceso de paz con dos refugiados colombianos en Asturies, dos sindicalistas cuyas vidas correrían serio peligro en su tierra natal por la labor reivindicativa que desarrollan. Javier Orozco era miembro de la Junta Directiva Nacional de la Central Unitaria de Trabajadores, CUT, el mayor sindicato de Colombia. Desde 2001 lleva refugiado en Asturies por estar amenazado de muerte en su país. Luis Plaza es educador, sindicalista y responsable regional de la CUT. Ambos llevan mal el clima asturiano: "lo peor es la falta de luz. Allá llueve tanto como acá, pero siempre sale el sol". ¿Premonitorio?

“Yo nací en la provincia de Santander, que hace frontera con Venezuela", es Orozco quien rompe el fuego. "Nací en medio de la guerra y, por lo visto, voy a morir sin que se haya resuelto. En Santander la guerra empezó en el siglo XVII entre los indios Carare y los colonizadores, primero alemanes y luego vascos. Más tarde llegaron los castellanos y después los andaluces. En los siglos XVIII y XIX mi tierra participó de todos los alzamientos que hubo en América. En 1790, influenciados por la Revolución francesa, los campesinos de Santander, cansados de que el rey de España se quedara con el diezmo de sus cosechas y monopolizara el comercio, protagonizaron el alzamiento de los Comuneros, e hicieron salir corriendo al virrey español. Posteriormete, y con la Iglesia como mamporrera, engañaron a los comuneros y los degollaron a todos. No quedó ni uno. Posteriormente vino la guerra de liberación contra la Corona, protagonizada no por campesinos sino por un hombre de la aristocracia, Simón Bolívar. Esa guerra la ganamos en 1819.
Después vinieron diecinueve guerras civiles interminables entre colombianos, entre quienes se quedaron con las tierras, descendientes de españoles, y se volvieron enemigos de su pueblo, y los indios, para quienes la tierra no tenía dueño y no comulgaban con ese pensamiento europeo.
Más tarde, a principios del siglo XX, vino la guerra de los Mil Días, entre los defensores de un modelo federalista y los centralistas, los más reaccionarios, que fueron quienes ganaron. Los federalistas tomaron revancha a finales de 1936 y promulgaron una serie de leyes por las que se había de repartir la tierra a los campesinos, a los indígenas y a los negros.

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Manuel Marulanda y otros pioneros de la guerrilla en Marquetalia

Y es de esa lucha por la tierra, iniciada en el 36, de donde viene el actual conflicto inconcluso del que surgieron las FARC, el ELN, el EPL, el PRT, Autodefensa Obrera, el movimiento indígena Quintín Lame, el M-19 y siete u ocho guerrillas más que se me olvidan. Porque en Colombia es más fácil montar una guerrilla que un sindicato.
De este modo, el proceso de diálogo que se está celebrando ahora tiene esos antecedentes que dije, de treguas traicionadas, de violencia estatal ante las exigencias de reparto de rentas, tierras e ingresos y a que nunca hubo justicia. Hoy es el resultado de todo es el proceso.”

Es cierto que los procesos de paz en Colombia no son nada nuevo, y que algunos acabaron en éxito, si así se puede llamar a la desmovilización de las fuerzas insurgentes. En 1984 el presidente colombiano de entonces, Belisario Betancourt, promueve un proceso de paz con las FARC y la guerrilla nacionalista del M-19. En palabras de Alfonso Cano, de la comandancia fariana, "ante la demanda de alto el fuego, pedimos una comisión que verificara el cese armado por ambas partes. Si esta se cumplía nos sentaríamos a debatir en un periodo de prueba de un año, durante el cual se habrían de acometer reformas sustanciales en la vida nacional. No proponíamos ni el socialismo ni el comunismo". Al mismo tiempo se decidió desde sectores populares impulsar una organización política que sirviera de frente de masas y defendiera las aspiraciones populares: la Unión Patriótica. Pero el gobieno no continuó con las negociaciones, los miembros de la UP comenzaron a ser asesinados a discreción, y las organizaciones guerrilleras retomaron las armas.

La violencia que desataron contra la Unión Patriótica los paramilitares y narcotraficantes, con la evidente complicidad del gobierno, produjo 4000 asesinatos y truncó con ello sus opciones de que la izquierda alcanzara el poder a nivel nacional.

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Luis Plaza, sindicalista de la CUT refugiado en Asturies

Luis Plaza fue miembro de la Unión Patriótica, el último y más serio proyecto de partido político de izquierdas en Colombia, surgido en 1985 de la confluencia de varias pequeñas organizaciones políticas y de varios frentes desmovilizados del Ejército Nacional de Liberación, ELN, y de las FARC. La violencia que desataron contra ellos los paramilitares y narcotraficantes, con la evidente complicidad del gobierno, produjo 4000 asesinados de entre las filas de la UP, y truncó con ello sus opciones de alcanzar el poder a nivel nacional. Luis es un superviviente de "la experiencia política más hermosa y el ejemplo más grande para el mundo entero", en palabras suyas. "El de 1986 fue el claro ejemplo de lo que significa un proceso de paz con desmovilización sin cambios. Solamente significó la entrega de las armas, pero todo ese proceso no termina por culpa de la guerrilla, sino por culpa del gobierno y sus políticas. La Unión Patriótica fue exterminada porque era un movimiento como una bola de nieve, cogiendo fuerza cada día. Tenía un candidato con más del 70% de posibilidades de que ganara".

En 1990, con Virgilio Barco de presidente, hubo una nueva tentativa de paz. De aquella la Unión Patriótica llevaba ya 1400 muertos a manos de los paramilitares. En esta ocasión ni FARC-EP, ni UC-ELN, ni un sector del EPL se sentaron a dialogar. Sí lo hicieron y acabaron desmovilizándose y entregando las armas el M-19, el EPL, el PRT y el Quintín Lame. Resultado: se convocaron elecciones para una Asamblea Constituyente, que ganó el M-19 (aunque con un 75% de abstención, y sin que esa implicara obtener ni el gobierno ni la mayoría parlamentaria), pero no hubo reformas democráticas y se incrementó la guerra sucia.

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Andrés Pastrana y Manuel Marulanda

En 1999-2001 se dio un proceso de paz entre el gobierno colombiano de Andrés Pastrana y las FARC-EP, con la novedad de lograr la guerrilla una zona de despeje militar bajo su control, en San Vicente del Caguán, en la que se desarrollarían los diálogos. Luego de dos años de tensiones, asesinatos de personas significadas en el proceso de paz, entrega de secuestrados, y acuerdos efímeros, la guerrilla volvió a sus montañas y Pastrana abandonó el gobierno habiendo hecho demasiadas dejaciones ante la línea dura del Estado colombiano.

“El actual proceso de diálogo entre el gobierno colombiano y las FARC es la continuación de un conflicto que tuvo como antecedente inmediato el diálogo frustrado de los años 99-2001 en el Caguán", valora Orozco. "Yo participé en la preparación de los diálogos de San Vicente del Caguán invitado por las FARC como dirigente sindical. Viajé hasta allí en un avión oficial de la Fuerza Aérea Colombiana junto a Gabriel García Márquez, la actriz Fanny Mikey, Daniel Ortega, el presidente de los Trabajadores del Estado Wilson Borja, el ex alcalde de Bogotá Luis Eduardo Garzón. Desde mi punto de vista los diálogos actuales tienen tres inconvenientes: no existe un cese al fuego, no hay tregua bilateral; segundo, no están todas las guerrillas en la mesa; tercero, el gobierno y la burguesía han establecido unos temas intocables que son un peligro para los diálogos. No se va a discutir el modelo de globalización capitalista, ni la redistribución de la tierra y la riqueza; en todo caso se debatirán los términos de la desmovilización de la la guerrilla. Hay un cuarto impedimento: la ausencia de participación de la sociedad civil. Las organizaciones sociales, que representan a la mayoría de la población, es un hecho muy grave. Por ejemplo, la FEDEGAN, la federación de grandes ganaderos, se retiró a comienzos de diciembre de los diálogos con los indios y los campesinos donde se pretendía saber hasta dónde estaban dispuestos a llegar en la redistribución de la tierra para facilitar las bases de una paz con justicia social en Colombia. Pero en este proceso no están ni los sindicatos, ni los indios, ni los campesinos, ni las mujeres, ni los ambientalistas, y además los latifundistas se automarginan. De este modo sólo se va a hablar de reinserción. Y yo tengo miedo de que ese proceso así las FARC no lo acepte.”

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia - Ejército Popular, surgieron de la reacción popular a la interrupción de un periodo democrático durante los años cuarenta y cincuenta, con un extallido social que se conoció como "el Bogotazo". Consecuencia de ese profundo malestar social se originó una violencia política en las ciudades que continuó en las montañas cuando los insurgentes se negaron a entregar las armas. En 1964 se originó pues una resistencia armada de base campesina que luchaba por la justicia social, particularmente por el reparto de las tierras, en manos de grandes latifundistas. Desde entonces, las principales organizaciones guerrilleras han sido las FARC-EP, de inspiración marxista-leninista, y el ELN, fuertemente arraigado en el cristianismo de base de la Teología de la Liberación. Durante estos cincuenta años, la guerrilla ha sido un poder alternativo que ha controlado por momentos territorios enteros de Colombia, con decenas de miles de combatientes, y amplio apoyo social. Hoy, sin embargo, su situación no es tan fuerte.

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Javier Orozco

“La guerrilla ha tenido una pérdida de incidencia política frente a sectores sociales que se sienten atropellados por la presencia militar en su territorio de paz, como ocurre con los indios y los afrocolombianos. Hay sectores de la población que ya no acompañan a la guerrilla hasta el triunfo revolucionario, pero que sí entienden y sí comparten los objetivos de su lucha: la reforma agraria integral y democráctica. Por más que el Estado trate de cobrarle a la guerrilla sus errores militares, que los comete, le va a resultar muy difícil ocultar el enorme faltante de justicia social que es la causa de todo. El Estado juega a prometer paz, justicia, salud y empleo a la sociedad si se acaba la guerrilla”, afirma Orozco. “De este proceso cabe esperar varias cosas: por un lado, un recrudecimiento militar. Ya ha habido numerosos combates después de cumplirse el periodo de tregua; las comunidades indígenas del norte del Cauca denunciaron a las FARC por el asesinato de uno de sus gobernadores; se han descubierto planes masivos para asesinar a dirigentes sindicales en todo el Estado. Se han producido atentados contra las infraestructuras petrolíferas de las multinacionales en Arauca y el Cesar. Han amenazado de muerte a Licia Chaverra, dirigente de las comunidades negras del río Curvaradó, negros que han dicho que están contra la guerra, y que han acordonado un perímetro de seguridad autorizado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en el que no entran ni el Ejército ni la guerrilla. Todo eso es lo que cabe esperar. Lo otro que cabe esperar, pero en lo que no tenemos mucha confianza, es que de una vez por todas la Corte Penal Internacional tome cartas en el asunto. Sería deseable que el sistema de derechos humanos tanto de la ONU como de la OEA reaccione, imponiendo sanciones a Colombia. Pero en realidad lo que puede ocurrir es que el gobierno le insista a la guerrilla que lo que hay que discutir es la desmovilización y tres o cuatro medidas sociales menores, a referendo de que la sociedad lo vote, con todo el aparato de proganda del Estado y los empresarios a su favor. Es exigir una desmovilización a cambio de nada. Tengo serias dudas de que las FARC le entren a eso, porque no se combate durante cincuenta años para entregar el fusil y que te den una palmada en el hombro. Ahora bien, la guerrilla no ha conseguido derrotar al Estado, pero también indica que el Estado tampoco derrotó a la guerrilla, si bien es cierto que tiene menos fortaleza militar que hace diez años. Por eso quienes estamos por una solución distinta a la de los tiros pedimos que se le ofrezca a las FARC una salida política al conflicto, con reformas sociales que la población civil pueda refrendar, y que acaben con los problemas que son el verdadero origen de la guerra: inequitativa concentración de la tierra; impunidad; la penetración violenta de multinacionales que saquean; la violación de los derechos humanos; el hecho de que Colombia se haya convertido en un problema para el vecindario.”

"Para las organizaciones sociales la existencia de insurgencia es un peligro adicional, pero no es nuestro problema. El problema viene cuando llega el Estado, y nos matan a los sindicalistas. El Estado colombiano ya mataba sindicalistas cuando no existía la guerrilla."

Con esto y con todo, Colombia se define a sí misma como el país “más feliz del mundo” según una encuesta del grupo Gallup, seguida por suizos, finlandeses, noruegos, brasileños. “El pueblo tiene ahí el secreto de su resistencia. Se acojona por un rato pero no pierde su alegría, y sigue luchando, y sigue enterrando a sus muertos, y les dice ’presente, presente, presente’, y al día siguiente es una fiesta para que se les quite el miedo del cuerpo, hermano. Así desde hace setenta años”, nos dice Javier Orozco, en medio de una amarga sonrisa. "El riesgo para la guerrilla es distanciarse de las aspiraciones sociales de la mayoría del pueblo colombiano, que históricamente, mientras era un país con peso agrario, simpatizaba con la insurgencia. El gobierno le ha cobrado siempre muy caros sus errores políticos, y la población civil sufre las consecuencias de cincuenta años de enfrentamiento armado en su territorio. Frente a esto, el Estado ha recurrido siempre a un régimen de terror, no sólo para reprimir a la guerrilla, sino sobre todo para amedrentar a la sociedad civil. Más que otra cosa es una guerra contra la sociedad civil que no acepta el modelo globalizado del capital. La existencia de un conflicto armado al lado de un conflicto social nos convierte a las organizaciones sociales en objetivo para el Estado, para que nos hagan a nosotros lo que no son capaces de hacerle a la guerrilla en el terreno de combate. Existe una viejísima táctica militar para guerras irregulares: sacarle el agua al pez, quitarle al enemigo el apoyo social. En Colombia se atacan a las organizaciones sociales que trabajan en zonas donde tiene fuerza la guerrilla, o por donde pasa. En Colombia está muriendo más población civil que combatientes, y mira que mueren combatientes. Para las organizaciones sociales la existencia de insurgencia es un peligro adicional, pero no es nuestro problema. El problema viene cuando llega el Estado, y nos matan a los sindicalistas. El Estado colombiano ya mataba sindicalistas cuando no existía la guerrilla. Mató a la UTC y a toda la CTC en la guerra del año 48, y todavía no había guerrillas. Lo hizo por medio de los paramilitares, que no son una respuesta a la existencia de la guerrilla, sino que es anterior. Desde el Estado se usaron paramilitares antes de la existencia de la insurgencia, que empieza en el año 64.”

¿Qué le queda pues a la guerrilla después de medio siglo de tiros y de estancamiento en el plano político y el militar, una salida honrosa? Es nuevamente Orozco quien contesta: “La guerilla no está buscando una salida honrosa, está buscando transformar un país. Quien dude de la capacidad de resistencia de una guerrilla que lleva cincuenta años en el monte es que no sabe dónde está parado. La guerrilla colombiana ha demostrado una capacidad de resistencia militar incuestionable porque sigue habiendo las condiciones objetivas que motivaron su nacimiento. Los hay que pensamos que, si ahora mismo de diera un final al conflicto armado, en menos de diez años volvería a surgir, porque no se habrán cambiado las condiciones materiales que dieron origen a eso: el uso histórico de violencia para acaparar tierras, renta, ingresos y poder político. En Colombia, mientras la burguesía y las multinacionales no renuncien a la violencia como mecanismo para imponer sus planes, seguirá habiendo quien tenga el valor de coger un arma, aunque lo llamen terrorista y se quede solo. Los sindicatos, aunque machacados, no están derrotados; los indios no están derrotados; los campesinos no están derrotados, y la guerrilla misma estará golpeada, pero no derrotada. Hay que ver este conflicto en su dimensión de medio siglo. Ahora bien, el gobierno le ha puesto fecha a este proceso de diálogo. ¿Alguien puede creer que un conflicto de medio siglo se va a parar en tres meses cuando ni siquiera han pactado un cese al fuego?”.

A la izquierda europea le suele resultar intolerable que la insurgencia colombiana, principalmente las FARC, se financien mediante vínculos más o menos estrechos con el narcotráfico, así que la pregunta es obligada: ¿es legítimo que una organización que se dice socialista recurra a los narcóticos para financiarse?: “La guerrilla colombiana no es traficante. Cobra impuestos directos a quienes les compran a los campesinos la hoja de coca o la pasta base. La guerrilla no trapichea. El narcotráfico es un problema del capitalismo, y por ello lo debe solucionar el sistema", sentencia Orozco, para a continuación distinguir varios planos en el debate de esta cuestión: "El problema de la guerra en Colombia no es un problema ético. La violencia política en nuestro país hemos visto que se da desde hace décadas. Y por ello ni el gobierno colombiano, ni Europa, ni Estados Unidos pueden argumentar razones éticas para que la guerrilla no recurra a la coca para financiarse, como sí lleva haciendo desde siempre Estados Unidos para financiar todas sus guerras sucias, y Europa se beneficia directamente de esto. Ahora bien, si lo planteamos como un problema económico, la guerrilla colombiana se financiará con lo que tenga en su territorio, como hacen todos los ejércitos. Cobrando impuestos legales o no, secuestrando, extorsionando. Esto no será legal, pero es legítimo porque ellos controlan esos territorios. A una organización que se levantó en armas legítimamente contra la exclusión política y social no se le puede pedir que se financie con rifas. En el campo de batalla lo primero que se pierde es la conciencia ética; lo segundo la perspectiva histórica. Mire si no, lo que está pasando ahora mismo con los franceses en Mali.
Ahora, si el cuestionamiento es político, que la guerrilla se apertreche indirectamente a través de la hoja de coca desde luego no está bien para una organización que dice querer transformar el país, pero es que tampoco es legal que el gobierno colombiano recurra a métodos de terror para defender al Estado que dice encarnar. De modo que el cuestionamiento ético es muy jodido. Si vamos al fondo del asunto y nos planteamos cómo se puede solucionar el problema del narcotráfico, hay una propuesta que pusieron sobre la mesa las FARC y de la que se ha venido hablando la semana pasada: la legalización de la droga. Así como es legal que el que es mayor de edad pueda meter en el cuerpo alcohol, whisky, sidra, cerveza o guarapo, legalizar las drogas acabará con el trapicheo para el Imperio y para quienes les contestan desde Afganistán, Mali o Colombia”.

A nosotros también nos ha hecho mucho daño el eurocomunismo, porque crea la falsa perspectiva de que los revolucionarios entren a gestionar el sistema, en lugar de transformarlo, porque le da a la gente una salida falsa (...) El estado del bienestar europeo, que nos mostraban como una salida para nosotros, ahora está siendo desmontado, y se le empieza a caer la máscara al capitalismo.

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¿Es posible una alternativa política en Colombia que no pase por echarse al monte? ¿Es posible que las guerrillas logren algún avance en las tablas que mantienen con el Estado colombiano desde hace medio siglo? Habla Luis Plaza: "En Colombia no hay otro mecanismo para acallar las voces de la protesta y de la acción politica pacífica que la violencia paramilitar". Orozco también contribuye al debate: "El sistema político colombiano es excluyente, basado en el control territorial. La figura clásica de los próceres y gamonales que eran dueños de inmensas tierras y controlaban un territorio ponían allí a votar a sus siervos a su candidato. Ahora se les llama trabajadores. Eso es muy latinoamericano; también fue muy español, muy andaluz. Así se garantiza un sistema político cerrado y bipartidista. En segundo lugar, la oligarquía sabe estigmatizar, perseguir y eliminar a la oposición política que les pretende hacer frente. La izquierda ha logrado gobernar ciudades, mismamente Bogotá, primera ciudad del país y segundo cargo político en importancia. Se han desarrollado presupuestos participativos, cabildo abierto, implicación ciudadana. Pero la represión por parte del Estado ha sido terrible. En tercer lugar, obstaculiza que exista una alternativa política el hecho de que la derecha esté armada. Y en muchos sectores del Estado no puede haber más candidatos que los de ellos. Cuarto, la existencia de la guerrilla obviamente dificulta la creación de un proyecto político desvinculado dela violencia, porque facilita su criminalización por coincidencias programáticas. ¿Cómo te mueves con una propuesta política de izquierda en medio de ese panorama? También ha hecho mucho daño la capacidad que tiene el Estado para cooptar y corromper a individuos con gran ambición personal. Y tengo que decirlo: a nosotros también nos ha hecho mucho daño el eurocomunismo, porque crea la falsa perspectiva de que los comunistas o los revolucionarios entren a gestionar el sistema, en lugar de transformarlo, porque le da a la gente una salida falsa, a un patio que conduce a lo mismo, a la esclusión, marginación y persecución. El estado del bienestar europeo, que nos mostraban como una salida para nosotros, ahora está siendo desmontado, y se le empieza a caer la máscara al capitalismo, un sistema que no es viable. Eso no nos puede llevar a perder la perspectiva estratégica. Hay quien dice ’seamos pragmáticos. Hagamos lo que es posible ahora, y dejemos de soñar’. Y nosotros decimos que sí, que hagamos lo que es posible ahora, pero sigamos diciendo lo que pensamos. Y eso es un camino muy difícil con un precio muy alto a pagar. A Asturies han venido 85 personas con el programa de ayuda a los derechos humanos en Colombia. De ellas ya han asesinado a dos. ¿Por qué? Porque cuando han venido aquí y han visto lo que hay, el sistema del bienestar europeo, se han vuelto diciendo ’esto no es lo que queremos para nosotros. Esto cuando quieran lo quitan’.
Por último, hay otro factor que impide una opción política viable, y es que la izquierda colombiana, en medio del aguacero de tiros, aún no sabe hacer procesos unitarios, y sigue siendo muy caníbal, como la izquierda europea, que impide que haya una sola respuesta frente a una agresión fascista. Y luego está, obviamente, la polarización de la sociedad: en un escenario de conflicto como el de Colombia, te exigen que estés con unos o con otros, la gama intermedia se diluye".

A Plaza tampoco le duelen prendas hacer autocrítica: "En Colombia ha hecho mucho daño también el vanguardismo: los partidos políticos creen que son los dueños del proceso de cambio, y tenemos que partir del punto de que un solo partido no puede realizar la transformación. Lo que debe existir ahora es un criterio unitario de cambio que persiga lo esencial, la justicia social. Depende de nosotros no seguir en la misma tónica de sectarismo para que el proceso se acelere. Hoy en día la continuación de la UP son las Marchas Patrióticas, un movimiento social que defiende la reforma agraria y la soberanía popular, de mano de campesinos, clase obrera, mujeres, estudiantes, indígenas. Ya han empezado las amenazas contra ellos. Para el año 2014 creemos que podrá desempeñar un buen papel en las elecciones presidenciales. Para ello es necesario la unidad entre toda la izquierda, los progresistas y los revolucionarios".

"El Estado español permite que en su territorio, en Xixón, a uno de sus ciudadanos lo espíen con tácticas de guerra sucia los mismos que están matando gente allá en Colombia, sin que pase absolutamente nada".

Acabamos nuestro encuentro con una demanda desde su condición de refugiados políticos en el Estado español: “Nosotros, por donde estamos, esperamos que el gobierno español fije de una vez por todas una agenda de paz en relación al tema colombiano, tras haber perdido el papel de facilitador de confianza que le había reconocido la guerrilla. Hoy sólo juega a la ‘marca España’, con presencia en Colombia nada más para defender los intereses económicos de ciertas empresas. Creo que las organizaciones sociales españolas le deben exigir a Rajoy una postura clara, inequívoca, por la paz en Colombia, suspendiendo la venta de armas a un país con conflicto interno. Nosotros no somos combatientes, somos defensores de los derechos humanos. Luis está amenazado de muerte y yo fui espiado por la inteligencia colombiana en Xixón después del asesinato de Luciano Romero Molina, en septiembre de 2005 y hasta el año pasado, con seguimientos cotidianos de la inteligencia colombiana. El Estado español ha permitido a la DAS, policía secreta que depende directamente del despacho del presidente de la República, que espíe y haga informes biográficos de forma totalmente arbitraria. Yo soy ciudadano español desde hace cinco años. Y el Estado permite que a uno de sus ciudadanos lo espíen con tácticas de guerra sucia los mismos que están matando gente allá en Colombia sin que pase absolutamente nada. Por lo cual nosotros hemos tomado la decisión de denunciar penalmente al ex presidente Álvaro Uribe Vélez en un juzgado de Madrid, y ha sido aceptada a trámite la denuncia. El Estado español sabe que terroristas colombianos han operado en Xixón, y no han intervenido para proteger la vida de los que estamos aquí".