Habemus huelga

22 de ochobre de 2012 DE 2012 • Diego Díaz

A falta de la definitiva confirmación, todo parece indicar que el 14 de Noviembre tendremos huelga general en Portugal, España, Grecia y Chipre. Han tenido que ponerse las cosas así de feas para que nuestras oxidadas cúpulas sindicales comprendan que el espacio del conflicto social es cada vez más Europa, y menos nuestros respectivos Estados, que a día de hoy son meros gestores de los ritmos, intensidades y talantes con los que se aplican las políticas que se deciden en otras instancias.

Una huelga en estos cuatro países es un primer y positivo paso para construir lo que tendría que ser nuestra mejor herramienta de lucha contra las políticas neoliberales: la huelga general europea. Mientras sigamos cayendo en la estupidez de hacer cada uno la guerra por nuestro lado, o creyendo mezquinamente que cuanto peor está el otro país mejor está el nuestro, nos van a seguir dando palos hasta en el carnet de identidad. ¿Cuántas veces hemos escuchado esa tontería de “No, España no es Grecia o Portugal”? El “sálvese quien pueda” es la vía más rápida hacia el suicidio colectivo, como se pudo ver en Latinoamérica en los años 80 y 90. Y es que mientras el capital piensa y actúa en términos continentales y planetarios, los pueblos de Europa seguimos de espaldas los unos a los otros en nuestros respectivos minifundios nacionales, sin enterarnos de qué va esta película de la globalización capitalista.

De aquí al 14N tenemos un tiempo precioso para construir solidaridades entre ese 99% de europeas y europeos no por más puteado, menos fragmentados: currantes asalariados y autónomos, con empleo y sin empleo, cuidadoras y pensionistas, estudiantes sin futuro, sin becas y con deudas, migrantes blancos y morenos, con papeles y sin papeles, y en general recortados y recortadas de todo género, pelaje y condición. Visibilizar (y movilizar) todas las caras de esta crisis poliédrica, debería ser el trabajo de movimientos sociales, sindicatos e izquierda alternativa, antes que dedicarnos a esas absurdas competiciones con el sindicalismo mayoritario, que se resumen al final sólo en medirnos los cortejos.