Estado y capitalismo: dos cabezas que comparten el mismo cuerpo

4 de febreru de 2013 DE 2013 • Pedro Pablo Bazán

Estado y capital son como dos hermanos que comparten el mismo cuerpo pero que tienen diferentes cabezas, como aquellos personajes de Barrio Sésamo que estaban siempre discutiendo y al final siempre llegaban a un acuerdo. ¿Os acordáis?

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El Estado moderno, que rige en España desde la Constitución de 1812, nació de la mano de la burguesía, capitalista por supuesto pues otra burguesía no existe. El Estado supuso para ellos la mejor herramienta de asentarse como clase social dominante, aunque en España al contrario que en otros países vecinos como Francia la mayor parte de la nobleza supo adaptarse al nuevo status quo y pasar a formar parte de la burguesía. El que no se produjera una revolución industrial al estilo de Inglaterra lo facilitó, pues el país, eminentemente agrícola, se hallaba en manos de terratenientes nobles que controlaban los latifundios.

Un ejemplo de esta nueva clase es el ilustrado gijonés Gaspar Melchor de Jovellanos: noble, burgués e impulsor del nuevo estado, al que tanto aprecio se le tiene por estas tierras, y firme defensor de aquello de “todo para el pueblo pero sin el pueblo”.

El fin último del capital es su acumulación por parte de unos pocos y el fin último del estado es facilitar esto. Así no existe estado moderno donde la relación con el capital no sea de hermanamiento. Existen distintas formas de relación, así existen o han existido estados donde el proteccionismo rige la vida económica, y donde la economía (capitalista siempre) es controlada por una casta dominante a modo de nobleza moderna. Un ejemplo sería la extinta URSS a la que Lenin a la pregunta de si la Revolución de octubre había traído el socialismo a Rusia respondió que en Rusia lo que había era un “capitalismo de estado” como paso previo a dicho socialismo. No es objeto de este artículo analizar la concepción marxista-leninista de cómo llegar al socialismo, pero patente es que no se llegó.

El otro tipo de Estado es aquel que rige su actividad económica por el “libre mercado”, por ejemplo el Estado español, que lo consagra en su Constitución de 1978. Ninguno de los estados que afirman regirse por el “libre mercado” lo hacen totalmente, es una pura fachada, uno de los países más proteccionistas son los EEUU, donde la agricultura está totalmente subvencionada por el Estado, lo que le permite ser competitivo contra los productos agrícolas del resto de países del continente americano, abocando la mayoría de las veces a que los agricultores de Iberoamérica se dediquen al cultivo de coca y similares para subsistir.

Por tanto el capital necesita del estado, es él el que le hace el trabajo sucio y el que le ayuda en momentos de debilidad.

Liberales y socialdemócratas aman al Estado por encima de todo y desean que sea grande y fuerte. Los liberales desean que el Estado esté ahí cuando el capital necesita tapar sus agujeros (...) los socialdemócratas se diferencian de los liberales en que quieren que el Estado tenga unos servicios sociales grandes, también defienden la enseñanza estatal, la mejor herramienta de adoctrinamiento de la población

En la alternancia bipartidista que se produce en los países con una democracia parlamentaria o una monarquía parlamentaria como es el caso español, se suelen alternar en el gobierno (que en el caso español es el que verdaderamente rige el Estado pues el Congreso de los diputados y el Senado suelen ser meras comparsas de éste y así es el gobierno el que redacta las leyes que luego publican por decreto o pasan al parlamento para que las apruebe, es decir, no son los parlamentos verdaderas cámaras legislativas) dos formas de entender la política burguesa, la liberal y la socialdemócrata. Nos engañemos o no nos dejemos engañar, las dos aman al Estado por encima de todo y desean que sea grande y fuerte. Los liberales desean que el Estado esté ahí cuando el capital necesita tapar sus agujeros, que sea el colchón que detenga la caída del libre albedrío capitalista, pero que les deje hacer libremente; también desean (al igual que los socialdemócratas) unos cuerpos policiales grandes y fuertes que permitan la represión de cualquier movimiento subversivo, aumentan también siempre los gastos militares, grandes máquinas que ayudan a crecer las economías (valga como ejemplo como las democracias parlamentarias europeas salieron de la crisis posterior a la II guerra mundial, no fue con el llamado plan Marshall que fue un fracaso sino fue gracias a la denominada “guerra fría” que permitió un crecimiento industrial espectacular).

Por su parte los socialdemócratas se diferencian de los liberales en que quieren que el Estado tenga unos servicios sociales grandes (en teoría porque en la práctica y si nos centramos en España no ha sido así), que el Estado sea el gran protector del obrero (otra teoría nunca puesta en marcha por los socialdemócratas españoles en el poder) también defienden la enseñanza estatal, la mejor herramienta de adoctrinamiento de la población; enseñanza obligatoria para niños y adolescentes donde se les enseña a ser “trabajadores y responsables”, es decir, a dedicar sus vidas a enriquecer a los capitalistas, a no tener espíritu crítico, a adquirir conocimientos que nos permitan ser trabajadores especializados al acabarla; donde las enseñanzas humanísticas se relegan cada vez más (no sirven para encontrar un empleo en el actual mercado laboral), y donde se enseña a repetir mantras como verdades inexpugnables: la Transición fue un ejemplo de paso de una dictadura militar a una democracia -sic-, la Constitución de 1978 es lo mejor que nos ha podido pasar en nuestra historia, el rey nos salvó de

volver a la dictadura actuando valiente y decididamente en la intentona del 23-F, etc.

Ahora nos encontramos bajo el yugo de un gobierno liberal, que está cargando sobre los trabajadores (igual que hizo el anterior gobierno socialdemócrata) las deudas de personas o entidades privadas; que para hacer eso necesita reducir los gastos sociales, cierto, pero no nos engañemos, no quiere menos estado, al contrario, cada año aumentan la partida de los presupuestos generales del mismo, lo que ocurre es que los distribuye de manera distinta a como los distribuiría (en teoría) un gobierno socialdemócrata.

España estuvo gobernada durante trece años y medio por un gobierno socialdemócrata (1982-1996). Gobierno que contribuyó a seguir las órdenes del capital y desmantelar el tejido industrial y agrícola del país (instrucciones concretas de la UE o mercado común que se denominaba de aquella). Un ejemplo cercano lo tenemos en Asturias, donde el gobierno de Pedro de Silva (uno más de los que abandonó el barco del PSP y se pasó al PSOE viendo que con los primeros no alcanzaría el poder) se encargó de la llamada “reconversión industrial” que no fue tal pues no se reconvirtieron las industrias sino que se deslocalizaron y se cerraron, igual que ocurrió con la agricultura, ganadería o pesca, que a la órdenes de Bruselas fue desapareciendo como sector importante en la región.

A este desmantelamiento de los tejidos industriales y agrícolas contribuyeron como protagonistas los sindicatos UGT, CCOO y USO principalmente, como apagafuegos que calmaban a los obreros a golpe de subvención, prejubilación, etc. Así nos encontramos ahora con una situación de desolación total y donde la clase obrera asturiana, antaño faro mundial, es ahora un minúsculo grupúsculo que sólo se moviliza ante la amenaza (siempre realidad al final) de que el Estado corte el grifo; acostumbrados a “chupar del tetu” ya no existe como tal clase y menos aún es capaz de articular propuestas constructivas, de autogestión, de creación al margen de las estructuras capitalistas, etc. sólo aspiran a que el Estado siga pagando sus salarios indirectamente, lo que les hace unos egoístas frente a otros colectivos de trabajadores que no están tan protegidos como ellos. Con las minas con fecha de defunción, la siderurgia siempre en la cuerda floja, sin una industria alternativa y con la sola esperanza de apostar únicamente en el sector terciario (servicios) la situación que se alarga ya desde tiempos en que, el no tan estúpido como se cree, general Franco nacionalizara las minas por no ser rentables (y por saber cómo se las gastaban los mineros asturianos) e impulsará la creación de una gran industria siderúrgica, también estatal, están prontos a terminar.

Creo haber demostrado con ejemplos concretos como no es la derecha política la que quiere menguar el Estado ni como la izquierda es la gran amante de socializar nada. Estado y capital, siempre de la mano, son el enemigo de cualquiera que se declare anticapitalista, no cabe por lo tanto “socialismo de estado” o socialdemocracia no capitalista, los dos términos no hacen mas que enmascarar la realidad: capital y estado son hermanos y están pegados irremediablemente, no pueden existir el uno sin el otro.

Para otra ocasión dejaremos el debate de si público y estatal son la misma cosa…