El sorpasso necesario

14 de xineru de 2013 DE 2013 • Rafa Palacios

Cuando me propusieron colaborar en Glayíu pensé que sería un espacio perfecto para compartir reflexiones por su pluralidad, diversidad de opiniones y libertad de expresión. También supuse que llegarían los insultos y las descalificaciones, incluso de parte de quienes nunca leerán ninguno de los artículos que escribí o escribiré, que parecen ser inevitables cuando alguien se expone públicamente. Sin duda, no me equivoqué en ninguno de los dos casos.De todas formas, las opiniones pueden generar simpatías o antipatías, apoyos o rechazos, halagos o insultos, pero su coste es asumible. Lo realmente costoso, lo que realmente condena a pagar un alto precio es hacer, es buscar la confluencia entre discurso y práctica, es romper la parálisis que provoca el miedo a tomar decisiones, a actuar y/o a equivocarse.
Es posible que el comienzo de un nuevo año sea un buen momento para limpiar el desván de telarañas y eso me animara a compartir con ustedes autocríticas y reflexiones. O puede ser también que la necesidad de escribir este artículo esté determinada finalmente por unas palabras de Simón Bolívar que leí hace unos días: “Hemos arado en el mar”.

Si atendemos a discursos, declaraciones, pancartas, panfletos, pintadas, redes sociales, entrevistas o artículos, parecería que todo el mundo apuesta por la unidad y que su inexistencia sería culpa del sectarismo, incompetencia, traiciones, oscuros intereses o incapacidad manifiesta de, por supuesto, personas u organizaciones distintas a las que se expresan en cada caso.

Ante tanta atonía, parálisis, atasco y mediocridad política que padece nuestro país se puede escribir un artículo tras otro sin necesidad de grandes innovaciones. Así que no esperen en éste muchas sorpresas como supongo no las esperarán en la realidad política asturiana. Fíjense ustedes, ni siquiera necesitamos cambiar el texto de nuestras pancartas. Aquella “Pola reindustrialización de Les Cuenques” de 1982 podemos seguir sacándola sin problemas en este 2013, más de treinta años después. Adaptando a nuestra realidad una frase del Presidente Chávez, discúlpenme el atrevimiento, podríamos decir que mientras vamos o nos llevan de manifestación en manifestación el pueblo asturiano va de abismo en abismo.
Desde que el sistema decidió decretar el “estado de crisis total y global” y utilizarlo como arma de destrucción masiva de derechos individuales y colectivos, profundizando su estrategia de violencia directa y de violencia estructural contra personas y pueblos en cualquier lugar del planeta, la respuesta más frecuente en Asturies pasó por repetir insistentemente la necesidad de la “unidad”. Bien es cierto que nadie definió las condiciones materiales o los sujetos sociales con capacidad para llevar a cabo las transformaciones que esa “necesaria unidad” requeriría.
Si atendemos a discursos, declaraciones, pancartas, panfletos, pintadas, redes sociales, entrevistas o artículos, parecería que todo el mundo apuesta por la unidad y que su inexistencia sería culpa del sectarismo, incompetencia, traiciones, oscuros intereses o incapacidad manifiesta de, por supuesto, personas u organizaciones distintas a las que se expresan en cada caso. Porque ya se sabe y es un clásico en Asturies, cada cual milita en la única organización auténtica, en la única pura, en la única que merece respeto y/o en la única que lucha. Somos esa vanguardia que cuando se para y mira hacia atrás, nada más que encuentra su propia espalda. En fin, asumimos con pose melancólica que “tenemos una linda casa en un mal barrio”.

Si buscamos actividades conjuntas convocadas, espacios compartidos de discusión y debate no excluyentes, foros de diálogo y cooperación sinceros, propuestas concretas de trabajo y otra multitud de aspectos que no cito para no agobiarles, constatamos que la unidad de acción se interiorizó muy poco y que sigue siendo en muchos casos un lugar común, una cuestión de discurso, una táctica inútil y una estrategia que parece imposible. Tenemos desarrollada la extraña habilidad de potenciar al máximo cada cosa que nos separa y olvidar con todas nuestras fuerzas todo lo que nos une. Llevamos años peleándonos en mitad de una inundación que ya tiene proporciones de tsunami. Lo cierto es que las fuerzas centrífugas rompen más que la supuesta voluntad política es capaz de unir. En todo caso, siempre nos queda el consuelo de que “lo que nunca fue no puede dejar de ser”.

A pesar de todo, quiero seguir insistiendo en lo que vengo escribiendo y diciendo en todos los lugares donde puedo o donde me dejan. Sigo considerando imprescindible avanzar hacia la convergencia de las resistencias, hacia la constitución de una fuerza social en Asturies que, desde una visión radical de la democracia y la solidaridad, planteé respuestas y alternativas concretas al capitalismo, al patriarcado y al productivismo, luchando contra la corrupción, la precariedad y la explotación.

Desde mi punto de vista, deberíamos estar trabajando en la construcción de un referente político amplio y plural, expresión de la convergencia de luchas y resistencias, que represente en los parlamentos y en los ayuntamientos la fuerza de los movimientos sociales y alternativos condicionando las decisiones políticas, sociales y económicas. No tenemos que renunciar a cuestionar el sistema y plantear nuestras alternativas de transformación en la calle y en las instituciones.
Pienso que es necesario abrir un amplio y profundo proceso de reflexión colectiva sobre nuestro proyecto compartido, definir objetivos estratégicos para una acción unitaria y plantear con claridad acciones conjuntas consensuadas respetando nuestras legítimas diferencias. Necesitamos sumar desde lo concreto y compartir sensibilidades para construir una nueva sensibilidad compartida que nos permita abrir y ganar espacios cada día que fortalezcan la esperanza y los movimientos de resistencia social y política. Debemos entendernos para resistir, para dar una respuesta común, para transformar, para construir alternativas compartidas y nuevas formas de solidaridad.

Creo que el sorpasso necesario, el que verdaderamente necesitamos en estos momentos, deberíamos dárnoslo a nosotras y a nosotros mismos. Asumiendo nuestras contradicciones, nuestras incoherencias, nuestra pluralidad, nuestra diversidad y nuestras variadas personalidades.

Pero antes, considero que tenemos una tarea urgente e importante por delante. Antes es imprescindible superar mucho de lo que nos impidió históricamente avanzar. Creo que el sorpasso necesario, el que verdaderamente necesitamos en estos momentos, deberíamos dárnoslo a nosotras y a nosotros mismos. Asumiendo nuestras contradicciones, nuestras incoherencias, nuestra pluralidad, nuestra diversidad y nuestras variadas personalidades. Superando nuestra miseria intelectual, nuestra ausencia de propuestas concretas, nuestra falta de generosidad, nuestra falsa humildad, nuestro egocentrismo absurdo, nuestras leyendas infantiles, nuestros discursos incomprensibles, nuestro sectarismo histórico, nuestro cainismo destructivo, nuestros análisis fuera de contexto, nuestros desencuentros ridículos, nuestros insultos y descalificaciones permanentes, y tanto maltrato durante años entre quienes compartimos casi todo.

La cuestión final sería dónde nos queremos situar. Allí afuera, en Asturies, en el mundo. O aquí adentro, en nuestro cómodo micro universo onanista de revoluciones de salón. Como escribió alguien de cuyo nombre no quiero acordarme: “No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”.