El plan del lobo es cuestionado por los ecologistas

11 de avientu de 2012 DE 2012 • Fruti Pontigo

Un año más la presión de los ganaderos ha hecho que se autorice la matanza de, al menos, 96 lobos en Asturies. Una vez más el lobo parece el único problema del agro astur; nadie se acuerda del envejecimiento de la población, del aumento de los precios del pienso, de la bajada del precio al que les pagan la leche, de que ya no valen nada los xatos, de la PAC, de la globalización de los mercados o de la subidas de impuestos.

La mayor queja de algunos ganaderos es que el lobo se come según ellos todos los días decenas de animales, casi siempre en el Oriente y en las Cuencas. En cambio si miramos los datos oficiales de daños vemos, que la mayoría de los daños, que son muchos, se producen en el Occidente, muchos menos en el Oriente, pero si uno se cree todo lo que sale en la prensa, tendríamos miedo hasta de salir de noche por si nos comen. Lo cierto es que es verdad que se producen muchas incidencias todos los años, pero si las cuantificamos, éstas no llegan al 1% de las subvenciones agrarias que cobran los ganaderos, lo que la idea del problema económico del que hablamos.
La matanza de lobos es una medida muy cuestionada por parte de la ciudadanía, porque a día de hoy y según los censos oficiales, se produce una reducción del número de ejemplares y una estabilidad en el número de daños. Más llamativa es la orden de matar 6 ejemplares en el Parque Nacional de Picos, el único Parque español donde cría el lobo, donde no lo quieren los ganaderos que han iniciado una campaña con el lema “Con lobos no hay paraíso”, casualmente los mismos ganaderos que llevan unos años cobrando cuantiosas subvenciones por tener ganado en un espacio natural de montaña.

Los ganaderos de Picos, el único Parque español donde cría el lobo, que han iniciado una campaña con el lema “Con lobos no hay paraíso”, son los mismos que llevan unos años cobrando cuantiosas subvenciones por tener ganado en un espacio natural de montaña.

Las actuaciones planteadas en el programa de control suponen la muerte de aproximadamente 97 ejemplares en el plazo de un año, entre la eliminación de 72 ejemplares adjuntos, la retirada de cuatro camadas (6 lobeznos de media) y de un número indeterminado de lobos en las denominadas “áreas libres de lobos” lo que implica el incumplimiento de la finalidad del Plan de Gestión, esto es, la “conservación de la especie y el manteniendo de un nivel poblacional que garantice su viabilidad presente y futura y que resulte compatible con el adecuado desarrollo de las explotaciones agrarias y la deseada aceptación social en el medio rural asturiano”. Supone, por tanto, una vulneración de la letra y del espíritu que llevó a la redacción y aprobación del Plan de gestión vigente.
El programa de actuaciones 2012-2013 es incoherente por cuanto no existe una relación entre el objetivo de control de población (un objetivo desorbitado y brutal por cuanto supone la extracción de casi un centenar ejemplares en el plazo de un año, aproximadamente 3 ejemplares por grupo) y los datos aportados para sostener la necesidad de ejecutar dicho control. Hay que pensar que de acuerdo a los datos oficiales hay 23 grupos familiares en Asturies.
El programa que se presenta adolece de un serio deterioro en cuanto a la cantidad y calidad de la información aportada en programas precedentes, desde 2003. La ausencia actual de los índices básicos para elaborar el diagnóstico de la actual situación (porcentajes de cabezas y ganaderos afectados, proporción de lo que suponen los daños en la relación a los subsidios percibidos y sobre la renta) es denunciable, por cuanto los mismos se encuentran a disposición de la propia Administración, son datos públicos, y su no aportación en la decisión administrativa de matar a tantos ejemplares sólo obedece a que, de los mismos no se extrae base alguna que sostenga la decisión administrativa de proceder de forma tan agresiva en la Naturaleza.
El actual programa pone todo el esfuerzo en la única medida sobre la que no existen evidencias de su efecto para rebajar el número de daños a la cabaña ganadera, pues se ha demostrado que, realizando controles de población, no se soluciona dicho problema, siendo mucho más efectivas para minimizar los daños la aplicación de medidas preventivas. A ello se ha de añadir que, antes de proceder a matar ejemplares de lobo en la región, se ha emplear la energía en esclarecer cuestiones que afectan de forma directa al número de daños denunciado, como el abono de indemnizaciones por duplicado de las reses dañadas, la exigencia de la contraprestación de la percepción de las subvenciones concretado en las buenas prácticas ganaderas, o la investigación de posibles casos de abuso y fraude, entre otras que el Principado pasa por alto en ominoso silencio, pese a que tienen incidencia directa sobre la cuestión principal.
El actual programa de control no se fundamenta en datos objetivos de afección al sector ganadero, sino que se reduce a ejecutar un grotesco y brutal control de la población lobos como medida populista, sin tener en cuenta de manera objetiva los criterios contemplados por mandato legal para establecer un programa anual de actuaciones de control, tal y como se establecen en el propio Plan de Gestión, ni las consecuencias futuras de esta medidas para contentar a la galería.