El chip de tu perra. El chip de tu hijo

28 de marzu de 2013 DE 2013 • Rosario Hernández Catalán

Conozco a un hombre que disfruta mucho de los perros. Ha tenido ya varios, pero tras la muerte del último me dice que ya no puede tener más. Que no se lo puede permitir, porque ponerle el microchip y mantener la cartilla de vacunación según la legislación vigente le supone mucho dinero. Y tiene miedo de tener al perro sin papeles por temor a las multas. Las multas sobrevuelan sobre nuestra alma, nos atenazan, perfilan nuestro comportamiento. Son una obra maestra de la ingenieria social. Modelan nuestros miedos y por tanto modelan al perfecto ciudadano. [1]

La mascota se va a convirtiendo poco a poco en un lujo reservado para la élite. Veréis muy pronto en los barrios obreros-parados llenos de Bull Dogs francés, la tendencia canina de los últimos años, veréis como muchos chavaletes van a empezar a tener problemas por esto mismo. Por el temor a no cumplir con la legislación vigente, veremos a jóvenes deshacerse de sus mascotas porya no poder mantenerlas. Y no porque el pienso sea caro, sino porque la legislación vigente en materia canina es uno de los síntomas del avance de la distopía.
Una vida sin perro es menos vida. El éxodo rural, el separar al campesinado de la tierra y el ganado trae como consecuencia emocional que ahora, los nietos e hijas de aquellos hombres y mujeres con vínculos diarios al animal, sientan la necesidad atávica de tener una perra, un gato, algo. Es la biofilia, que vuelve a por sus fueros. La necesidad de un poco de vida orgánica, de contacto con la Naturaleza a través de los animales. Como aquellas mujeres venidas del Extremadura y Andalucia que llenaban los balcones de las barriadas mineras de geranios y albahacas.
El vínculo que estamos teniendo con perros y gatos es cada vez más profundo y revelador. Y la legislación vigente en materia canina aprovecha y hace su agosto autoritario y recaudador.
La medicalización de los seres humanos roza ya el terrorismo, la de los animales, también. Así como ya hay movimientos contra la excesiva vacunación de las criaturas humanas, conviene que surja algo parecido con los animales. Los ganaderos saben muy bien cómo las vacunas constantes agotan el sistema inmunológico de las vacas. Pero de la opresión ejercida sobre las gentes ganaderas por parte de las autoridades sanitarias pseucientíficas hablaremos otro día.
Existe el sarcoma postvacunal gatuno. Son tumores plagados de excipientes de las vacunas (mercurio, aluminio, Triton X, etc) que salen nada más pinchar a la gatina. Y así todos los años. Ya hay veterinarias honestas que lo denuncian. Pero buena parte del gremio veterinario ha abandonado el espíritu científico y sigue fiel las ordenes de la legislación vigente generada en congresos veterinarios patrocinados por farmacéuticas. Y porque conviene crematísticamente, pues cuantas más veces pase el chucho por consulta más posibilidades tendré de pagar el pisazo en el centro. El Estado no es sólo el Gobierno de turno. El Estado también son los muchos veterinarios que nunca han denunciado la iatrogenia, la medicalización envenenadora del terreno del animal generadas por las farmacéuticas. Si ni siquiera saben lo que es la iatrogenia ni el concepto médico de terreno. Todos formamos parte de esa megamáquina del Estado-Capital. Y por el camino muchos de quienes dicen ser científicos han dejado a la diosa de la razón echa un Cristo, lleno da falsas premisas, falacias y servidumbres al euro.
Hemos asumido con total naturalidad que nuestros perros lleven microchip. Nos creíamos la farsa de que era por su bien, por si se perdía. Qué poco lúcidas hemos sido. Qué celulitis mental, para no darse cuenta de que el enchipamiento del perro es la antesala del enchipamiento humano porque acostumbra a nuestras mentes a considerar que llevar un chip bajo la piel es algo, no sólo inofensivo, sino hasta bueno. Que es justo y necesario. Así como catorce ediciones de Gran Hermano van generando en el imaginario colectivo la aberrante idea de que ser observada con una cámara es algo normalito, tan normalito como el uso del movil con geolocalizador.
Una legislación vigente trae otra legislación vigente, y ésta trae a otra hasta que.... pumm, se acabó la condición humana a golpe de Estado de Derecho. La condición humana, ya sabéis, eso tan literario de amar la libertad por encima de todas las comodidades. Pero supongo que siempre emergerá el espíritu indígena y hasta las más urbanita y diletante puede llegar a generar resistencia. La resistencia de soñar no sólo con perros sanos y desenchipados, sino con tierra y libertad.

Notes

[1Esto escribían en el 2006 sobre el rollito "ciudadano". Por si os sirve de algo: Ciudadanismo, civismo remozado
Hasta hace poco se me llenaba la boca con la grandipalabra ciudadanía. Pero pronto empezó a olerme a marquetineo (de marketing) ilustrado tanta insistencia en la ciudadanía por parte de todo tipo de gestores de la cosa pública. Medradas estamos, yo llenándome la boca con el mito del ciudadanismo sin darme cuenta de que es un constructo, más allá de sus ya discutibles orígenes históricos, que asegura la paz social. ¿Quién es el antagonista de la ciudadanía? Obreras frente a patronal, feministas frente a patriarcardo, ciudadanas frente a… No hay una clase o sistema que genere la necesaria lucha de contrarios porque la ciudadanía es un sujeto social que coopera, que no se opone. A nadie niega porque es un concepto inclusivo, que todas somos ciudadanas y todas hemos de cooperar para que la máquina productiva no cese. El ciudadanismo es un remozamiento del civismo. El cívico llevaba bigotes, no blasfemaba, no escupía, saludaba con educación y era todo un señor. El ciudadano apadrina críos, se manifiesta por lejanías, está en contra de “todo tipo de violencia venga de donde venga” y cuida su cuerpo. A la cuidadanía se le consulta cada cuatro años o se le consulta, jugando a la democracia participativa como ya hacen algunos ayuntamientos posmodernos, la iluminación navideña. Pero a la raíz no llega nunca la consulta. A la ciudadanía se la integra en el funcionamiento institucional con chiringuitos de poder blando como el FORUM(culo) Barcelona 2004 que, con la excusa del diálogo intercultural y el desarrollo sostenible, supuso un obra maestra de ingeniería social y de especulación urbanística. Y el chiringuito del agua que están montando en Zaragoza es primo hermano del barcelonés, de las Olimpiadas y de Marina d´Or (unos primos son más progresistas y sibilinos, y otros son más fachas y torollos). Frente a los movimientos vecinales de barrios que se niegan a que la especulación los arrase, el ciudadanismo es cooperativo y flexible y con posibilidades de ganar autoestima y pasta con la limpieza del barrio en cuestión. El ciudadanismo es el civismo de aquellas asociaciones que colaboran con los poderes y que ayudan a dar legitimidad moral y simbólica a una democracia representativa que llevaba una temporadita en crisis. Se les consulta la ubicación del loroparque, pero no se consulta construir autovías, embalses, centrales térmicas, privatizar recursos sagrados como el agua…Cuando hay mucho en juego la ciudadanía desaparece, no se le consulta. Es entonces cuando aparece la masa, los radicales, la multitud. Oponerse a una guerra lejana es un “ejercicio de ciudadanía que mantiene sana la democracia” (bla, bla), pero oponerse a la especulación del barrio, al embalse devastador es cosa de radicales. Y sí, es cierto, porque los radicales van a la raíz del problema, van a la cercanía, porque es tiempo de frenar desde lo local las agresiones a la biosfera. Se trata de crear cercanía y raíces porque, si sólo luchamos por injusticias lejanas, nuestra solidaridad con esas gentes es solidaridad de centros cien.