Dos discursos asturianos

25 de abril de 2013 DE 2013 • Sotrondianu

Afirmaba en su pasado discurso de Navidad el presidente del Principado de Asturias lo siguiente: “En Asturias no sufrimos ninguna suerte de confusión de identidades, no necesitamos mitificar el pasado para hacer un artificio de nuestro presente”. “Nada español no es ajeno”, afirmaba en su pasado discurso de Navidad el presidente del Principado de Asturias. Lo decía con voz seria y como si no se hubiese bebido antes ni un culete de sidra.

Recuerdo que yo, por azares de la vida, estaba cenando solo en mi casa de la cuenca minera, aquí, en Sotrondio. Mi perro me miraba mientras yo cenaba. Yo miraba a mi perro mientras él me miraba. Es probable que mi perro mirase más mi cena que a mí. No lo sé. Lo cierto es que escuchábamos los dos el discurso del presidente del Principado de Asturias. Y mi perro debió notar mi melancolía porque se puso él melancólico también. “No necesitamos mitificar el pasado”, escuché decir al Principado de Asturias. Mi perro y yo cada vez estábamos más melancólicos. Aún así decidí comerme el postre.

No me dormía. Intenté escribir unas líneas sobre lo que acababa de escuchar. No lo conseguí. Debo confesar que había bebido un poco. No suelo beber mucho y cuando bebo un poco me emborracho bastante. Me dormí al fin. Creo que me hice la ilusión de no haber escuchado al presidente del Principado decir…, ¿qué había dicho? “Todo ha sido un sueño”, me dije.

No. No fue un sueño.

Lo cierto es que creo que hoy puedo escribir aquellas líneas porque he vuelvo a escuchar al presidente del Principado de Asturias decir las mismas palabras que dijo en Navidad.

Lo raro es que Javier Fernández tiene otro rostro. Y ya no es un hombre: es una mujer. Javier Fernández, presidente del Principado de Asturias, ahora se llama Teresa Sanjurjo y es la presidenta de la Fundación Príncipe de Asturias. Yo no sabía que el travestismo político era esto. Pero está bien saberlo. Soy un persona ávida de saber. Ahora miraré con otros ojos a los políticos. Me cuesta creer que Javier Fernández haya decidido pertenecer, como Teresa Sanjurjo, al Opus Dei. Pero las cosas son como son.

“Asturias es el origen de España”, escribe Teresa Sanjurjo en un artículo publicado recientemente en el diario ABC. Es un artículo muy recomendable en el que cita además una ristra de ínclitos nombres asturianos y españoles. Teresa Sanjurjo parece sentirse muy contenta de que esos nombres sean asturianos. No parece importarle tanto que Severo Ochoa tuviese que exiliarse o que a Riego la monarquía lo ahorcase y luego lo decapitase. Era asturiano: lo mataron los Borbones. Pero era asturiano. Puxa. Cabe preguntarse si algunos de esos asturianos tan españoles que cita Sanjurjo ahora no serían partidarios, como mínimo, de una España republicana. Como esas personas de derechas que adoran a cantantes izquierdosos que seguramente no soportarían estar ni un segundo con sus extraños fans, cabe preguntarse si Riego –en su mentalidad moderna y proporcional a nuestro tiempo- hubiese sido capaz de pasar un segundo al lado de Sanjurjo. No lo sabremos nunca.

Lo cierto es que es bien curioso que dos de las expresiones más comunes en Asturias sean también las más lamentables. La primera es ese conocido “ye lo que hai”, tan lleno de conformismo, derrotismo, aceptación, resignación, mala paciencia, estupidez en suma. La siguiente frase es: “Asturias es España y lo demás tierra conquistada”. Es extraño vivir en un lugar del que, según han decidido los políticos, se puede afirmar que su historia, cual cachorro de gato cualquiera, comienza exactamente el año 722 en Covadonga. Es lógico que Teresa Sanjurjo no haya hecho mención en su artículo a una Asturias que el presidente del Principado tampoco quiere que exista: la Asturias no española. Pero nuestros dirigentes son personas inteligentes. Sin duda se han hecho esta extraña pregunta: ¿y si Asturias no es el origen de España? ¿Y si lo que sucede es que España es el origen de Asturias? ¿Esta Asturias tan española no será más bien un producto de supermercado como tantos otros? ¿Esa visión de una España unificada no se creó especialmente en el siglo XIX? ¿Quién era Modesto Lafuente? ¿Era también asturiano? ¿La verdadera Asturias no será otra? ¿Quién dijo aquello de Una, grande y libre? ¿Franco era gallego? Lo pregunto por curiosidad.

El caso es que las naciones no son eternas. Todo en la Historia ha muerto. Todo, excepto el alma. Yo no creo en el alma. Pero utilizo la palabra “alma” para encontrar una palabra exacta. Me gustan las palabras exactas y vulgares, tendría que haber sido político. Puesto que a los políticos les gustan los lugares comunes voy a ser político y utilizaré la palabra “alma”. El alma… Ya está dicho… Y el alma de un lugar no muere… Estuvo allí desde el principio. España morirá porque no es mejor que ninguna de las miles de naciones que han existido a lo largo de la Historia. Y que han desaparecido. Primero España será republicana. Después también esa España republicana desaparecerá: dará paso a los pueblos que han existido a pesar de España. Yo lo siento mucho pero es así. Es mi deber darles la noticia, señores políticos. Sé que me escucharán. “Españoles: España morirá”. Desaparecerá. Cambiará. En cambio el alma de los lugares permanecerá. El alma de Asturias ha seguido aquí porque no se puede evitar. Si queréis, incluso se puede decir que esto es una cárcel de la que la el alma no puede salir. Me da igual. La poesía está para eso: para decirlo de muchas formas. Pero no se puede matar el alma porque está más allá de la política: se encuentra en la forma de las montañas, en los ríos, en la lengua que habla la gente; en las piedras, en las playas, en el invierno, en los canciones. Incluso nuestra asturiana estupidez tiene alma.

El alma se bebe. El alma se respira.

Seguro que Javier Fernández y Teresa Sanjurjo han bebido el alma asturiana. Pero creo que no les ha gustado. Parece indudable que les gusta más el sabor del alma española. No conozco la razón exacta por la que le no les gusta el alma asturiana. ¿Es una cuestión económica? ¿Religiosa? ¿Educativa? ¿No hay explicación posible?

No sé. Yo no sé nada. Pero sé identificar un alma. Tengo talento para eso. También para identificar un buen libro. Soy un gran lector y un gran identificador de almas.

Ellos no quieren mitificar la historia del lugar que les ha visto crecer. Dicen que no se necesita. Yo tampoco quería mitificar nada hasta ahora. Pero resulta que tampoco quiero que sean otros quienes lo hagan en mi lugar. No quiero que sean otros, otros con su respetable alma, quienes mitifiquen el alma de una tierra ajena sólo para llenar el contenido del alma de su propia tierra.

Esto es lo que quería decir. Ahora me voy a pasear con mi perro. Los dos tenemos sed.