¿Botellón?: hipocresía e intereses

5 de agostu de 2013 DE 2013 • Rafa Velasco

Día a día uno lee, oye comentar y hasta se escandaliza sobre cuántas cosas se pueden escuchar sobre el llamado fenómeno del “botellón”. Lo primero que a uno le extraña es porque sólo parece preocupar el hecho que sean las personas jóvenes las que consuman alcohol en la calle, y no genera, aparentemente, ninguna controversia social que las personas adultas podamos hacerlo sin problema alguno en la terraza de nuestros bares y menos aún si lo hacemos dentro de los locales. El hecho en sí del excesivo consumo de alcohol en nuestra sociedad, sobre todo entre la gente adulta, no parece preocuparnos realmente, aunque los que lo hacemos podamos provocar ruidos, peleas, coger el coche bajo sus efectos o llegar a casa y cometer violencia de género. Si eres adulto y consumes en los bares tienes patente de corso, y hasta serás bien visto socialmente.

En segundo lugar, también le extraña a una persona de mi generación, que ha bebido y bebe lo suyo, quizás a veces en exceso, por qué cuando era joven o adolescente ni él ni casi nadie de su pandilla o de las de su barrio tenía que recurrir al botellón. Recuerda uno la sidra en El Puentín de la Guía, antes de ir al TIK, o los “cachis” de cerveza en el Trisquel o el Dakar. Después, cuando el poder adquisitivo empezó a depender del trabajo de uno, y no de la paga de papá y mamá, llegaron los “cacharros” en el Chevi’s o en el Rey de Copas, y más tarde en La Habana o la Bodeguita del Medio. Pero cuando uno sale a tomar una copa fuera de su barrio y baja a Cimavilla, El Fomento o cualquier zona del centro, empieza a entender cómo es imposible a día de hoy que nadie de 18 ó 20 años, estudiante o parado, quizás con sus padres también en el paro, esperando el fin de semana a la paga del abuelo prejubilado, pueda permitirse el lujo de tomar más de una copa en un disco-Pub, una cafetería y ya no digamos en un after hours. Es lógico y normal, que siendo el alcohol parte consustancial a nuestro modelo social de entender el ocio, la gente joven, que casi no tiene ingresos y pocas expectativas de tenerlo, que tampoco tiene trabajo o si lo tiene es condiciones muy precarias, no renuncie a vivir de acuerdo con las necesidades que le impone la edad y la sociedad de consumo, y como no puede vivir por encima de sus posibilidades, digan lo que digan, recurra a la imaginación y a comprar alguna que otra botella en el súper de la esquina, para poder seguir socializando con sus amigos/as. Y resulta, en ese contexto, más que normal que existiendo en la ciudad barrios o zonas especializadas en el ocio, sobre todo nocturno, decida ir a consumir a parques o calles cerca de esas zonas y no pudrirse de aburrimiento en parques o áreas recreativas alejados de las mismas.

Si la gente joven de hoy, oye las historietas de los abuelos cebolletas sobre nuestros colocones y borracheras, y ve que sus padres y sus amigos, consumen alcohol a diario, con limites horarios que no se respetan y en cualquier lugar de la ciudad, es comprensible que ellos exijan poder hacer lo mismo, porque aunque algunos/as lo olviden los/as jóvenes también son ciudadanos/as, y tienen iguales derechos y obligaciones que los supuestamente adultos, aunque día no siempre demostremos tener madurez suficiente para ser considerados como tales.

Por eso, cuando uno oye a dirigentes vecinales y/o políticos que jamás han cuestionado, sino que han apoyado e inspirado, que Xixon sea una ciudad de servicios, especializada en turismo y hostelería, protestar por los efectos del botellón, solo se le ocurre, siendo suave, llamarles hipócritas. Y más se escandaliza uno cuando oye a esos pobres dirigentes de las asociaciones de la hostelería, que hicieron el agosto en los pasados años, gracias a su compenetración con el poder político que definía dicho modelo de ciudad, protestar porque la juventud consume alcohol, sin pasar a pagar el peaje por sus cajas llenas de los resultados abusivos, de las largas jornadas mal pagadas de sus empleados/as y de los contratos basura, se le viene a la cabeza aquello que decía mi abuelo que “a tou gochu-y llega su Samartín”. No les preocupa ni a todos los anteriores ni por supuesto a nuestro puritanos próceres municipales actuales, fundamentalmente, las consecuencias nocivas del excesivo consumo de alcohol en nuestra sociedad, lo que le preocupa es que la juventud se autorgonice, autogestione su ocio y pueda plantearse el mismo de forma alternativa a tener que pasar por un ocio mercantilizado, y en nuestra ciudad monopolizado, sobre todo en el mundo de la noche, por tres o cuatro empresas o grupos de empresas por todos conocido.

Claro que el botellón causa problemas sociales, pero el botellón es una consecuencia o un efecto, de un modelo social de convivencia que, por un lado, tiene en el alcohol un referente de ocio fundamental, y que por otro lado, de un modelo político y económico, que ha ahondado en las diferencias sociales entre los más ricos y los más pobres, estando ya generando serios problemas de marginación social. Claro que debemos buscar alternativas de formas de ocio y tiempo libre que no pasen necesariamente por el excesivo consumo de alcohol, sin pasar por un timorato puritanismo al estilo de la mujeres de “La batalla de las colinas del Whisky”. Claro que hay que buscar soluciones para que el consumo en la calle no genere molestias innecesarias, vandalismo, suciedad etc…, pero sin que ello pueda articularse sobre la base de recortar derechos tan elementales como la libre circulación de las personas o la libre elección de modo de vida. Claro que se debería replantear un diseño de ciudad donde barrios enteros se les condena a convertirse en zona de copas y ocio nocturno, pero para ello es necesario un profundo replanteamiento del modelo económico de ciudad que queremos, si industrial o de servicios, sin con empleo estable y con derechos o con contratos basura y semiesclavitud…

Para discutir de todo eso es necesario un amplio debate social, alcanzar equilibrios absolutamente imprescindibles entre una ciudadanía joven y una adulta, con distintas posibilidades económicas y con distintos gustos, expectativas y formas de entender las cosas. Pero esa discusión con el objetivo del alcanzar un alto nivel de acuerdo y convivencia entre el conjunto de la ciudadanía, va chocar con intereses creados y posiciones poder, de clases y sectores sociales que se vienen beneficiando y lucrando del modelo de sociedad actual, y con esos no es posible el acuerdo, pues para que ganemos la mayoría deberán perder ello, no existe posibilidad de alcanzar suma cero.