Bienaventuranzas de Ciares (edición crítica)

11 de xunetu de 2013 DE 2013 • Fran Gayo

N. de A: Si usted no es asturiano (o asturiana) o si por el contrario lo es pero fue abducido por un OVNI hace 5 meses y acaba de volver a casa, se recomienda leer las notas al final del texto para una plena comprensión de esta Carta Playa.

Un viejo en un chigre, pegado a la cristalera, mira hacia la calle con los codos adheridos al repegoño de una mesa sucia de formica roja.

Frente a una sidrería de El Llano una familia de rumanos alrededor de un coche dan indicaciones precisas al padre, que de modo milimétrico, afilado, ajusta la defensa del auto al bordillo. Estos enanos tostados, como de seis y ocho años, la excitación con que observan las ruedas, acarician los tapacubos, la sonrisa satisfecha cuando finalmente el motor se detiene, me hace acordar de mi propia infancia hace casi cuatro décadas.

En la avenida del Schultz dos chicas cantan himnos religiosos mientras en la acera de enfrente sus dos compañeros reparten folletos informativos de la Iglesia Evangélica de no sé qué no sé cuántos. No escucho sus voces, las de las chicas, porque llevo puestos los auriculares, con un disco que consigue hacer de cualquier acto nímio y cotidiano una especie de revelación, una epifanía.

Tres días después, ya en Buenos Aires, en el subte que va de Congreso a Carabobo, se repite la secuencia: auriculares, mismo disco, mismo efecto, cuatro chicas con largas melenas lacias, jeans elastizados, suben al mismo vagón en que yo voy, la más alta lanza arengas religiosas a voz en grito y las demas corean un hosanna. Tampoco ahora escucho. Una de ellas pasa a mi lado y me guiña el ojo. Al rato vuelve y le regala una Biblia a una nena como de nueve años.

No he dejado de encontrarme con gente durante el último mes y pico, he dormido en la cama donde mi padre dormía, he discutido, me he puteado, me he aburrido, he comido y bebido más de lo estrictamente necesario... Me he ido angustiando progresivamente ante la idea de dejar Asturies y volver a Buenos Aires. Pero finalmente ese abatimiento se ha diluido, y casi sin darme cuenta estaba de nuevo en la General Paz, manteniendo una conversación con un taxista que empezaba su jornada. Yo, el individuo ojeroso, con menos pelo que hace un año y más panza que hace cinco semanas, yo, en plena duermevela, con mi eterna capacidad para dar la razón y bailar el agua.

Un día escuché a una veterana del PSOE local que anticipaba una -decía- derrota inevitable en el 2015 al tiempo que deslizaba referencias a su propio partido en tercera persona.

Un día escuché a un veterano del PSOE local que anticipaba una -decía- derrota inevitable en el 2015 al tiempo que deslizaba referencias a su propio partido en tercera persona.

Parece el escenario más probable, decía otro.

Es probable, efectivamente, si ése es el empuje que van a demostrar, si ése es el arrojo que les queda, sería probable incluso que una familia de monitos titís disfrazados de Hunter S. Thompson tomasen el consistorio por asalto (sí, como en Madagascar 3).
Y la ciudadanía los recibiría con alborozo, a los titís, se lo aseguro, por esa idea tan arraigada de cambiar caras y renovar nombres.

Es probable, en efecto, qué diferencia hay entre repartirse una mariscada o una pizza mediana recalentada en el micro ondas, lo que cuenta es que los comensales no cambien nunca ¿verdad? Masticamos en silencio mientras escuchamos de fondo al predicador Springsteen, que se muestra agradecido en toda su misericordia a Carmen Moriyón, the mayoress Moriyon, la intercesora que diez años después ha logrado repetir el milagro, aunque ahora en un escenario significativamente peor. ¿Qué puede haberle contado CM a BS en su epístola?:

"Estimado señor, como vos bien sabedes el hambre, la enfermedad y la desdicha han tomado las calles de esta villa marinera más necesitada que nunca de jalear su Born to run al altu la lleva".

Algunos de los que vaticinan quejosos la victoria de Foro en 2015 dicen que el concierto de Springsteen será una piedra de toque difícilmente batible. ¿Se acuerdan cuando en el colegio no llevábamos los deberes hechos e inventábamos ante la maestra excusas que incluían una caída por las escaleras, el hurto improbable de la mochila con todos los libros, que un perro se había zampado el libro de Sociales, la muerte de una tía, una faringitis, un dolor de huevos que no sabíamos por dónde había llegado?

Nuestra querida izquierda local, traumada y quejumbrosa. ¿De verdad van a entregar las llaves sin pelear ni medio asalto? Veo que se han dado cuenta, ya no son tan populares, los ámbitos en los que antes jugaban en casa ya no están, el camino hacia 2015 presenta un trazado lleno de requiebros, curvas, rincones oscuros, ¿y qué? Vamos, jueguen al menos, diviértanse un poco, compórtense como oposición, reescriban, repiensen, es tiempo de reformular, de negarse a sí mismos (lo que no implica referirse al partido en tercera persona, no eso precisamente), y si no son capaces de encarar semejante reto, mejor retírense en silencio sin olvidarse antes de sacar la basura. ¿De verdad no se sentían un poco... fofos?

Lean esto:

LOS NONATOS

DE vez en cuando casi no puedo ver, en torno a nuestras cabezas,
como mosquitos alrededor de la luz de un farol en verano,
la luz trémula de los niños que
pudimos tener.

A veces los siento haciendo cola, dormitando
en algún recibidor-como criados, semi-
atentos por si suena el timbre.

A veces los veo inmóviles como cartas de amor
en La Oficina de Cartas no Reclamadas.

Y de vez en cuando, como esta noche, debido a alguna funesta
premonición, puedo sentir que uno de ellos
al borde de un acantilado dentro del oscuro mar,
extiende sus brazos
desesperadamente hacia mí.

Lo escribió Sharon Olds en los años 80, es parte de un poemario, Satan Dice, que fui leyendo con bastante dedicación durante las cinco o seis semanas del viaje; hacía mucho que no conseguía bajar las revoluciones y regalarle algo de paciencia a un objeto tan complicado y quebradizo como es un libro de poesía. Olds ha sido una revelación, me ha hecho sentir bien. Tanto como para saltar luego sobre una antología de José María Fonollosa que me dejó ni fu ni fa. De todos modos, esto es incontestable:

Yo le tenía miedo. No sabía
que un delgado cuchillo entra en la carne
sin despertar la piel. Como entra el frío.
Como una piedra agujerea el agua.

Pensaba que su grito subiría,
como una lagartija, por mi brazo,
haciendo que soltara mi cuchillo.
¿Qué debe uno decir en estos casos?

Pensaba que en sus ojos hallaría
la sonrisa cansada de la noche.
Aquella que yo solo causaba. Antes.
Pero no hubo mirada ni hubo grito.

Un delgado cuchillo entra en la carne
sin despertar la piel. Como entra el frío.
Y sabe hallar la vida allí escondida
con rápido sigilo. Sin esfuerzo.

No hubo mirada, no. Tampoco grito.
Fue muy fácil. Tan fácil que aún me asombro.
No llego a comprender por qué hay quien teme
matar, cuando resulta algo tan fácil.

Whitehall street se llamaba esto.

Lo dejo aquí.
Contra todo sentido común, 48 horas después de llegar a Buenos Aires me encuentro en el aeropuerto de Santiago de Chile, esperando un vuelo de enlace a Lima desde hace casi cinco horas, tentado de estamparle la tablet en la cara a alguien cada cinco minutos, molesto por las conversaciones en voz alta, la acústica inexplicable de los diferentes monitores sonando al tiempo, la megafonía, los hilos musicales y otros tantos ruidos insistentes que no llego a reconocer pero bien podrían ser turbinas.
Complicado el nivel de convivencia al que te obligan las terminales. Mientras escribo, en mi uerta de embarque, una familia a mi lado no deja de removerse en los asientos, golpean contra el respaldo haciendo que toda la fila de sillas, incluída la mía, se menee como una barca en medio de una marejada, revuelven ruidosamente en mil bolsas de plástico, la madre tose con estruendo, con la boca abierta como un cocodrilo, ríe estruendosamente, con la boca abierta como un cocodrilo.

Anochece.
Se que hay una hora en la que la algarabía de los aeropuertos se va apagando, cerca ya de la medianoche, la gente se amodorra, las tiendas van cerrando... pero esta hora en concreto es complicada, las tardes de Domingo nunca dejan de ser la cosa más puñetera del mundo, ni siquiera cuando vas a tomar un avión, o qué se creían?

Mis pensamientos se ven interrumpidos por una voz recia que me saluda. Me giro, es el mismísimo Bruce Springsteen, con su cara estirada y la nacida del pelo en un lugar rarísimo.
"Estás molesto conmigo, verdad?" me dice.
Le respondo que no, aunque tengo muchísima curiosidad por saber si la dichosa carta existió y cuál era su contenido. "Qué importa eso, chaval, te contaron que doné parte de los ingresos del concierto a Cáritas?". "Sí, joder, Bruce -le respondo alterándome- también yo de guaje iba a ayudar en la cocina económica, con eso no arreglamos nada, ¡¡yo siempre pensé que tu eras de izquierdas!!". "Verás -sigue, con su sonrisa de paisanu que se viste por los pies y rasgando un acorde en la guitarra que me hace temer la emprenda con uno de sus célebres shows acústicos improvisados, ya saben, ’Quince horas con BS en una churrería’, ’Nebraska revisited en la cafetería de la estación de tren de Albacete’, todo eso...- verás, amigo mío, la vida es complicada, y no todo es tan sencillo como ser de izquierdas o derechas, pensé que conocías la obra de Francis Fukuyama, a veces un hombre toma decisiones sin saber muy bien por qué, pero creeme que cada noche, cuando conduzco por la carretera que lleva de New Jersey a Buffalo, recuerdo al pobre Jimmy One Eyed y siento que tras cada hoguera que forcejea con la oscuridad a ambos lados de la carretera se oculta su alma.". "Pero... - me enciendo - ...cómo puedes tener tanto morro, a qué cuento viene eso? cómo puedes tener la cara tan dura, colega?" Bruce me remata, mientras que la gente empieza a agolparse a nuestro alrededor y le van deslizando notitas con peticiones de canciones míticas, "Algún día lo comprenderás, kiddo...".

Me voy, a buscar una puerta de embarque vacía en la que sentarme a leer, camino más y más rápido y los primeros compases de "I’m on fire" van quedando atrás.
"Yo sí que estoy en llamas, mona!" digo para mis adentros

Fin

Cinco Puntos para entender la Carta Playa en su plenitud.

1. El autor es nacido y criado en Xixón, pero vive en Buenos Aires y visita a su familia y amigos una o dos veces al año. Todas las referencias a "el viaje" tienen que ver con la última estancia del autor en esta Villa Marinera, entre el 5 de junio y el 4 de julio del presente año.
2. El autor sufre grandes arrebatos de nostalgia (díganle señaldá) cada vez que viene, cada vez que se va y cada vez que el invierno porteño le salta al cuello.
3. Todos los comentarios acerca de CM y BS hacen referencia a la presunta carta (y decimos presunta por no haber tenido nunca ocasión de constatar su existencia) que dirigió Carmen Moriyón a Bruce Springsteen y que parece ser conmovió profundamente a Mr. Cars & Girls.