Batallas concretas, por favor

Batallas concretas, por favor

6 de avientu de 2012 DE 2012 • Diego Díaz

Batallas concretas, por favor, pajas mentales, las justas. Echemos un vistazo a nuestro alrededor y dejémonos de arengas y soflamas estériles, de microscópicas divisiones sin sentido, de hablar en lenguajes crípticos e incomprensibles, desterremos la estética de iluminados o de malotes, y pongámonos a currar en lo importante, en lo de todos los días, en los problemas de la mayoría de la población, a ser posible con palabras sencillas e ideas claras. No hace falta irse muy lejos, podríamos empezar por lo que sufrimos nosotras y nosotros mismos en nuestro entorno y en nuestro pellejo: el desempleo, la precariedad laboral, la destrucción de los servicios públicos, el problema de la vivienda, la falta de recursos a la dependencia, la criminalización de las personas inmigrantes, el urbanismo salvaje y la gestión del territorio al servicio de la especulación... No se trata aquí de volver al viejo debate reforma o revolución. Nada más lejos de mi intención, sino sencillamente de recordar que la izquierda y los movimientos sociales tienen en toda esta historia una responsabilidad fundamental: ganar. Si usted prefiere seguir puro e inmaculado, quédese en casa leyendo a Guy Debord, Felix Rodrigo Mora o a cualquiera de sus teóricos antisistema de cabecera, y ya nos lo contará en su blog o su facebook, pero por favor, no venga a sermonearnos a la asamblea. Si usted es un marxista leninista de manual de la Editorial Progreso, de esos que lo tiene todo super claro en esta vida, le rogamos que nos exhiba sus méritos revolucionarios, tales como número de soviets creados o palacios de invierno asaltados, antes de llamarnos pequeño burgueses por no manifestarnos con banderas rojas o hablar del 1% en vez de la burguesía monopolista.

Los mejores frutos del post15M los están dando las luchas concretas. Desde la marea verde a la blanca, pasando por los viernes negros de los trabajadores públicos, la proliferación de centros sociales ocupados y autogestionados a lo largo y ancho del país, las cooperativas integrales y otras formas de economía social, y sobre todo la lucha contra los desahucios, combinación de trabajo asistencial, autoorganización y denuncia política, que ha demostrado que cuando el movimiento no se pierde en divagaciones puede generar agenda política, poner nervioso al poder y lograr algo imprescindible para acumular fuerza y esperanza: victorias en el corto plazo. Todo esto contrasta con las graves deficiencias que seguimos arrastrando. Quizá la más importante sea qué hacemos con el paro, cuestión en la que aún carecemos de una alternativa sólida y compartida que trasladar a la sociedad, como fue en su día aquella campaña por las 35 horas sin reducción salarial impulsada por la IU de Julio Anguita. ¿Cómo es posible que siendo muchas y muchos de nosotros parados aún no tengamos un programa de mínimos que sirva para empezar a organizarnos a los que estamos en esta situación? En el caso de Asturies la necesidad de tomar tierra y bajar de las nubes del anticapitalismo abstracto también es imperiosa. La voz de los movimientos sociales no se ha escuchado pidiendo impuestos a los ricos como alternativa a los recortes en la negociación de las cuentas autonómicas o reclamando futuro para el campo asturiano frente a chantajes y agresiones como la mina de oro de Salave. Si los activistas del movimiento no van haciendo suyas estas cuestiones prosaicas, del día a día, corremos el riesgo de convertirnos en algo folklórico e irrelevante para el común de los mortales, mientras en la mayoría social cala la fatalidad de que el jarabe neoliberal de Rajoy es la única respuesta a la crisis y los astutos chicos del PSOE van recomponiéndose de su crisis interna de cara a presentarse en un futuro no muy lejano como los protectores y salvadores de las mismas víctimas que han contribuido a crear.