Aprendiendo de Grecia (y Galicia)

8 de payares de 2012 DE 2012 • Diego Díaz

Tengo una mala y una buena noticia. La mala es que la derecha puede arruinar un país, destruir los servicios públicos, endeudarlo por generaciones, generar desempleo masivo y aún así ganar las elecciones. Pasó en junio en Grecia y acaba de pasar en Galicia. La buena noticia es que casi por primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial la izquierda transformadora puede en Europa Occidental superar a los partidos de centro-izquierda.

Sucedió en junio en Grecia y el mes pasado en el País Vasco y en Galicia, si sumamos los resultados de AGE y del BNG. Es cierto que en estas dos últimas comunidades en los años 80 y 90 el fenómeno del “sorpasso” ya se había producido, pero se trataba de episodios aislados, mientras que lo que hoy estamos viviendo en la Europa meridional parecen síntomas de una tendencia más general que podría acelerarse si las condiciones de vida se siguen deteriorando mientras la socialdemocracia continúa apoyando con la boca grande o la pequeña las políticas ultraliberales la UE, y SYRIZA prosigue una marcha ascendente que produzca un efecto de contagio en otros países. ¿Significa eso que podemos ya extender un certificado de defunción del centro-izquierda? En absoluto, y menos aún en España, donde el proyecto de la izquierda alternativa ni es a día de hoy consistente, ni se la ve autoconvencida de la oportunidad histórica que está viviendo, ni sabe muy bien qué hacer con respecto a la UE y el euro.
Tal vez en el País Vasco Bildu tenga las cosas un poco más claras, pero en lo tocante a IU e ICV su tímido crecimiento en los sondeos indica que más allá de que su discurso pueda sonar bien si los que lo pronuncian son políticos profesionales difícilmente ilusionará. La prueba es que allí donde IU no tenía mucho que perder y se ha atrevido a jugársela, como en Galicia, confluyendo con la izquierda galleguista y EQUO, o en Málaga en las pasadas generales, presentando al jovencísimo economista Alberto Garzón, los resultados han sido más que satisfactorios.
Y en cuanto al PSOE, darlo por muerto es subestimar lo rocoso de su base social y de sus apoyos y sobre todo la capacidad de este partido para reinventarse, o lo que es lo mismo, para decir una cosa y la contraria y quedarse tan ancho. Ahí tenemos el ejemplo de los desahucios. Tras oponerse en el Parlamento a la dación en pago, se autoerige ahora como defensor de las familias desahuciadas y propone un gran pacto al PP: “encerrarnos en una habitación y no salir hasta que no tengamos un acuerdo” (¿será la misma en la que acordaron en verano de 2011 la reforma para constitucionalizar el “déficit 0”?). Nos queda mucho camino por delante para construir la izquierda social, política y cultural que necesitamos para derrotar al neoliberalismo, pero por primera vez en mucho tiempo el viento sopla (discretamente) a nuestro favor.